La “cultura” del soborno

La “cultura” del soborno

Foto: Luis Gaviria - EL CLAVO

Foto: Luis Gaviria - EL CLAVO

Hace pocos días el país conoció los sorprendentes resultados de una encuesta sobre prácticas contra el soborno en las empresas nacionales realizada por la Corporación Transparencia por Colombia y la Universidad Externado de Colombia. En dicho estudio se logró determinar que el 91% de los empresarios creen que sus colegas practican el soborno y además, consideran que ésta es una práctica cotidiana. Esta noticia es de mayor importancia y merece, por ello, ser comentada en detalle.

Desde que tengo uso de razón, la mayoría de los políticos, o mejor, de los servidores públicos en Colombia, por no decir todos, han tenido fama de no ser  éticos en sus actuaciones públicas y, sobre todo, de ser “ligeros” en el manejo de los recursos públicos, pues algunos los administran como si fueran propios. Este mismo señalamiento se lo escuché a mi abuelo, lo he leído en libros, revistas, periódicos e incluso, me lo han manifestado en la calle una gran cantidad de personas de diferentes estratos socioeconómicos. Ésta parece ser, entonces, una percepción bastante generalizada, la cual goza de una amplia “popularidad”.

Yo creo sólo parcialmente en esa bendita fama porque, como siempre lo he dicho, en todas las profesiones y oficios hay personas pulcras y honestas así como ladronas y embusteras, y los políticos no son ni serán la excepción a esta regla aunque así se perciba. Hay árbitros de fútbol buenos como los hay malos; también hay infinidad de empresarios correctos y otros que no lo son tanto; existen periodistas de estómago y otros que en cambio brindan una opinión veraz y objetiva; en fin, encontramos en la sociedad personas que le apuestan a ser transparentes y otras que no se rigen por dicha cualidad.

Pero lo que en realidad me parece grave no es determinar si hay políticos corruptos o no, porque eso ya lo sabemos, sino que la mayoría de los empresarios colombianos consideren el soborno como una práctica normal, cuando son ellos los que más proclaman pulcritud y transparencia y, sobre todo, cuando son conscientes de que sin su complicidad difícilmente los dineros del erario se pueden embolatar.
Dice el estudio que muchos empresarios ven el soborno como una de las opciones para no quedar relegados en el mercado. Terrible esta doble moral con la que vivimos y con la que estamos “construyendo” al país. Algunos afirman que nuestra sociedad tendrá que empezar por aceptar su condición excesivamente individualista y ventajosa, para poder avanzar en unas reglas de juego que contribuyan al desarrollo de nuestra patria, legalizando el “ají”, el “CVY”, el “serrucho”, etc. Otros creen que a punta de leyes se modificará el pensamiento, el actuar y, en consecuencia,  la escala de valores de los colombianos, desde una perspectiva puramente deontológica.

Yo pienso que ni aceptando la “tajada” ni expidiendo leyes “por metros”, se logrará disminuir la corrupción. Creo que al margen de tener que aceptar prácticas ilícitas, tenemos que, a través de la educación, la cultura ciudadana y el ejemplo, lograr que los ciudadanos por sí mismos conviertan el valor de la honestidad en el mejor “negocio” de su vida. Además, estoy seguro de que las personas deben aceptar su realidad, aceptar la manera en que actúan en su esfera privada, para reconocerse a sí mismos y, a partir de allí, asumir una actitud diferente; la misma actitud que esperamos y, además, exigimos de nuestros políticos. Para ello, es fundamental un proceso profundo desde el seno de la sociedad, pero también juega un papel primordial la participación activa, libre y conciente de todos los ciudadanos a través de los mecanismos dados para ello, en el que el voto se convierte en uno de los protagonistas.

Tenemos un reto grande todos los que queremos hacer patria de una manera activa y transparente, rechazando estas prácticas podridas, tanto de hombres públicos como privados y, como decía Alber Einstein, “(…) tenemos que dar ejemplo ya que ésta no es una manera de influir en los demás sino la única”.

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