De prototipos y otros tipos: Los príncipes azules no existen.

De prototipos y otros tipos: Los príncipes azules no existen.

príncipe azul

Si en un mundo hipotético alguien me detuviera en la calle y me preguntara “¿qué prototipo de hombre te consideras?”, supongo que entraría en un colapso mental momentáneo y, después, contestaría que de ninguno de los que me podría presentar; que me considero más de los otros tipos, de esos diferentes que por serlo entran en otra clasificación.

Y es que desde 1937 cuando Los Hermanos Grimm le presentaron al universo el primer prototipo de hombre o príncipe “azul” humano, no sólo nos pusieron una competencia muy difícil, sino que destruyeron en gran cantidad nuestra capacidad de ser libres o de pretender serlo. Claramente fueron aquellas series televisivas y producciones cinematográficas las que formaron desde antaño una imagen mental de un hombre cuasiperfecto, formalmente vestido hasta para ir al baño, con un físico considerablemente perfecto y, en su mayoría, príncipe (esta continuidad sólo se ve rota con Shrek).

Pero, ¿qué con sus príncipes?, empezando porque haciendo una estadística vaga podría estar casi seguro de que esas características sólo son cumplidas por el 0,000 (coloque los ceros que desee) 1%. Y para terminar de rematar, ese número casi imposible de hallar seguramente es un multimillonario que el amor le importa muchísimo menos que el dinero.

Sin embargo, hablo aquí, no por el bandido del pueblo, sino por el artista de la liberación, por este club de la resistencia que, como dirían Los Petit Fellas, “está cansado de vivir bajo esa versión burlesca de tipo indicado para ser al crecer”. Estoy aquí por los que amamos a nuestra manera y no buscamos sentimientos en bolsillos vacíos, por los que salimos los viernes a tomar unas chelas y no tenemos problema en ello, por los que damos horas al amor pero solicitamos nuestros momentos de soledad, por los que no invitamos a cine sino a ver obras de arte, los de tertulias callejeras sin sentido y sin final. Hablo por aquellos que no desperdiciamos los pétalos de la rosa sobre una mesa de restaurante, sino que invitan a una pizza con cerveza y música hasta recibir la madrugada.

Por eso es que renegamos de ese prototipo de príncipe, y no decimos frases clichés cada sábado por la noche, porque sabemos que un “te amo” es tan peligroso que es mejor guardarlo hasta un acontecimiento especial, porque no tenemos una rutina de publicaciones en Facebook y mucho menos la necesidad precoz de gritarle al mundo que estamos en una relación.

Y así me presento hoy aquí, representando a todos mis compañeros de lucha: los feos, los que sudan, los que engordamos, los seres en vía de extinción que aún escribimos bien, o que aún escribimos, los que no te invitaremos a un restaurante caro un viernes en la noche, sino a pernoctar  con blues y cerveza, los que no te demostraremos el amor con simplemente sostenerte de la mano, sino que preferimos sentarnos en los muros del parque a inventar historias. Por eso escribo hoy,  por este grupo de diferentes que no quiere pertenecer a un gremio como diría Caicedo, me pongo en frente por ellos, para eliminar el estereotipo mental y demencial de un tipo perfecto, de un tipo que además de príncipe, es azul. Doy la cara para decir fuerte y claro ¡abajo la monarquía de hombres invisibles!

 

Escrito por Juan Manuel Pinchao

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