De sorpresa en la ciudad sorpresa

De sorpresa en la ciudad sorpresa

No quiero hacer una lista puntual de las deudas que tengo en la vida; ni de las monetarias y mucho menos de las que tengo con la vida misma. Pero voy a hablar sobre una que tenía y que ya cancelé.

A mi vida y al orgullo que siento por mi papá le debía conocer Pasto, Nariño. Él nació en esa ciudad, allá viven mis abuelos, mis tíos, mis primos, y yo nunca la había visitado. Definitivamente era una deuda, pero sobretodo, era una lástima que durante tanto tiempo hubiera desconocido un lugar que me guardaba respuestas sobre mi familia y sobre mi propia identidad.

Mi visita a Pasto se dio entre el 2 y el 7 de enero de este año, y no me imagino una mejor fecha para conocer la capital nariñense, porque vivir el esplendor y el civismo de un Carnaval de Negros y Blancos, es sin duda un experiencia que te pone sobre la mesa los valores con los que está construida la sociedad pastusa.

En Pasto los desfiles tradicionales de su fiesta no se ven, no se miran desde la barrera; en Pasto (tal y como lo dicen sus habitantes) se ‘juega al carnaval’, y eso consiste en correr por toda la plaza central empuñando dos potentes armas de diversión masiva: La Carioca (espuma en lata) y los talcos. El objetivo del juego es sencillamente lograr que cualquier persona que se encuentre alrededor deba tirar a la basura la ropa con la que fue a jugar al carnaval.

Espero que cuando digo “cualquier persona” no crean que estoy generalizando sin sentido. En los carnavales de Pasto usted puede dejar a cualquier persona bañada en carioca o rucia como cucaracha de panadería, y quedarse completamente tranquilo porque nadie se va a enojar. Así que diez puntos en tolerancia y civismo para los pastusos, porque eso en los tiempos de ‘el más fuerte’ es toda una sorpresa.

Y así es como le dicen a Pasto, la ciudad sorpresa. Nadie me pudo explicar con exactitud por qué la llaman así. Sacando conclusiones propias, diría que puede ser por la forma cómo te sorprende el volcán Galeras cuando te topas de frente con él, o por el consolidado movimiento rock que se vive en las calles del centro, o incluso se me ocurre que puede ser porque el cuy, plato típico pastuso por excelencia, es más rico de lo que uno se imagina y eso SÍ que es una sorpresa.

Hay gente de calidad, rock y muy buena comida, ¿se le ofrece algo más? Con eso ya tengo para volver a Pasto, pero eso no es todo, la riqueza natural de esta ciudad y sus alrededores es envidiable, hermosa y otra de las buenas sorpresas de este tesoro que tenemos olvidadito en el sur. La Laguna de la Cocha es uno de esos atractivos naturales de Pasto que simplemente lo deja sin palabras; limpia, majestuosa, biodiversa, sostenible y motor de una sana industria turística que gira alrededor de ella.

Viajé para saldar una deuda, pero Pasto es una sorpresa escrita en mayúscula que me llenó de motivos para quererla, admirarla y recomendarla.

PD: Si una familia pastusa lo invita a almorzar, haga dieta líquida la noche anterior y llegue en ayunas porque las porciones son grandes y no se permite dejar sobrados.

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