Descubriendo mi lado swinger

Descubriendo mi lado swinger

SWINGERS-4

Como primípara en la materia, me permití tener la expectativa baja. Durante las primeras dos horas ni el lugar, ni el ambiente hacían efecto y mi temor se convertía en pereza. Sobre las 10:10 pm éramos la segunda pareja en llegar y el ambiente no podría estar más deprimente. Andrés y yo habíamos pensado en bailar y salir del lugar. Pero antes de tomar la iniciativa, una Paloma entró a media noche. Dorada, torneada y operada. No hubo un baile muy erótico para mi gusto. A diferencia de mi compañero que gustoso aceptó el flechazo. Noté incomodidad sobre sus rodillas a la hora de mover la cadera, pero el empeño le valió el aplauso. Dos minutos le tomó llegar a mi mesa y bailar sobre Andrés. Debo decir que la cara de idiota y felicidad que compartía era única. Su expresión de ‘quiero hacer y no sé cómo’ fue épica. Nunca lo había visto en esa situación y menos cuando no sabía qué hacer. Claramente, sentí como la lujuria lo poseía de pies a cabeza. ‘No me vuelvo a quejar de mi trabajo’ me dijo. ¿Yo?, sólo me condené a reír esperando que Paloma no quisiera hacerlo sobre mí.

Su show se paseó sobre las ocho parejas que sumamos para el momento. Nadie quedó exento de sus movimientos. Sólo hasta que llegó donde cierta chica de apariencia bisexual, concentré mi total atención. Paloma revolotea sobre ella y su compañero, dando como resultado un manoseo excepcional. La llevó a la pista de baile y simuló consumirla sobre el lugar. Del besuqueo, la metida de mano y las nalgadas solo quedaron las ganas. -Y sí, todos esperábamos un vibrador o la ‘tijera’ en la escena-. Hormonas liberadas, deseos reprimidos, todo en conjunto en la sala.

Mi primera impresión del lugar no fue la mejor. Éramos tímidos. Los asistentes no se vinculaban entre sí y el exchange no se llevaba a cabo. Tal vez sólo requería de la Paloma de la paz para dejar de lado las diferencias. Después de su salida, más de una pareja había iniciado su travesía en el voyerismo. Había todo tipo de pareja: la amateur, los veteranos, el anciano y la jovencita, la cougar y el ‘moacho’ y los que miran, pero no tocan.

En la terraza estaban ubicadas las camas. No eran tan elegantes como me habían contado. El lugar se rodeaba de espejos. Al llegar, esperaba una orgía, el gemido gutural de la situación, el adonis penetrando a la doncella virgen y la invitación a lo prohibido. Pero solo encontré una rubia practicando sexo oral a su pareja que ni siquiera se quitó el vestido. Vaya a usted a saber los fetiches de la gente. Me ubiqué detrás de unas materas con la panorámica del momento. Después del foreplay iniciaron con posiciones básicas: Misionero, escalador, la cuchara, loto, en cuatro. Nada exótico. He visto más acción en Game Of Thrones. Supuse eran los veteranos, se notaban insaciables, golosos. Se la pasaron buscando con quién hacer un trío y nadie les copió.

Al rato se sumó una morena con el novio, el fetichista de los pies. Se la pasó metiéndose los dedos de ella a la boca en vez de penetrarla. Se quedaron en ‘el loto’. Lo encontré aburrido. A diferencia de la rubia que se ubicó a su lado y comenzaron a tomarse las tetas de la otra. Situación que calentó a Andrés.

No esperen que les diga que tuve sexo en el lugar. Mi trabajo fue 100% profesional. Hasta lo consideré aburrido por ratos. La experiencia adecuada es la que se quiere vivir y yo solo iba como periodista.

La cuestión era de paciencia. Andrés y yo nos pusimos a observar la situación. Con los minutos comenzaron a llegar las parejas que habíamos dejado atrás en la disco. Teníamos a los ‘tortuguita’: se quedaron ensimismados (ella encima de él) durante 15 minutos y se fueron. -Sentí que estaba dirigiendo el casting para una porno de pésima calidad.- La cougar y el ‘moacho’ se parquearon en una escalera: ella le hacía sexo oral y él se dejaba manosear. Una pareja en ropa interior se hizo a su lado observando, no hicieron mucho. La chica bisexual se adentró en el tema de la exploración: sin mesura observa la faena. Envidié su desafiante liderazgo, al menos ella se paró frente a ellos mientras yo me escondía en las materas.

Para ese momento ya habían seis parejas fornicando. Unos se toqueteaban, otros gemían a medias. Tomé el momento como una oportunidad para aprender lo que no se debe hacerle a un hombre en la cama. Le pregunté a Andrés si algunos movimientos eran adecuados. Si influían en terminar o retener la eyaculación. Critique la falta de originalidad y el tamaño del pene. No hubo impresión, ni sosiego, ni hambre.

Antes de irme, el viejito con la ‘prima’ habían subido al lugar. Se acomodaron en la última cama y se sentaron distanciados, el uno del otro. Se quedaron viendo a una pareja que recién llegaba. Boca abierta, labio mordido, mirada profunda. Se notaba el temor porque le tomó diez minutos quitarse la ropa interior. Toda mi energía se concentró en saber ¿cómo inicia un foreplay un señor de casi 70 años de edad? más no en la reproducción de la uva pasa. Nunca pude ver que hizo el viejito, me fui antes de eso.

Aunque entré atemorizada por lo que podría encontrar, mi visita al swinger no cohibió mis sentidos, ni alteró mi persona. Peor aún, no me excitó. No hubo ápice de erotismo en mi experiencia. Concluí que lo erótico no quita lo valiente y que para vivirlo como se debe, debo ir con mi macho. Nunca encontré ninguna Abella Anderson, Sasha Grey, Nacho Vidal o Marco Blaze.

Hay un nivel de reserva que sólo la persona sabe dónde los límites se rompen al ritmo personal. Este lugar es sólo para aquel que quiera liberarse a través del sexo. Un lugar donde hay espacio para el hedonismo y lo estrafalario. No hay juicios, pero sí castigos. No requiere pericia, sólo dejar de condenarse por actos de lujuria reservados en el subconsciente.

 

@LadyOspinaV

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