Desapego para cambiar nuestra narrativa

Desapego para cambiar nuestra narrativa

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Noelle Hancock, una periodista graduada de la universidad de Yale que vivía en Nueva York, ganaba $95.000 dólares al año. Independencia, dinero, fiesta, lujos, fama, vivir en una importante ciudad capital, repleta de rascacielos y con un buen trabajo en una gran empresa ¿Quién no desea todo eso?

Aun así, todos compartimos un conocimiento tácito:  Las urbes, con sus fuertes dosis de caos y despilfarro de intolerancia e individualidad poco a poco nos consumen y nos hacen participar de una angustia colectiva directamente proporcional, al parecer, a su tamaño.

Aunque Hancock llevaba ese estilo de vida “perfecto”, un proceso de introspección le hizo cuestionarlo. Llegó un momento en que la búsqueda de felicidad, o bien, tranquilidad, abarcó todo su pensamiento y le desató quién sabe qué cantidad de guerras internas. La periodista finalmente tomó una decisión radical: dejar todo atrás; abandonar la gran manzana e irse a vivir a una isla.

Después de evaluar la posibilidad de darle un giro a la su trama de vida, decidió trasladarse a un lugar que nunca había visitado, San Juan, una isla que hace parte de las Islas Vírgenes.  “Está bien hacer algo por ninguna otra razón que cambiar la narrativa de mi vida” afirma Hancock.

Así fue que la gran ejecutiva adoptó los bikinis como prenda de vestir diaria, y se dedicó de lleno a su primer trabajo en ese lugar paradisíaco: vender helados.  Ahora se ve feliz y sonriente, con un sombrero de playa y gafas negras, en sus fotos, además de un cielo azul con pocas nubes y un mar cristalino que la acompañan como telón de fondo.

Quizás el desapego es un arte olvidado o más bien una habilidad que todos deberíamos preocuparnos por dominar o, si acaso, experimentar alguna vez en nuestras vidas. Convencernos de que no hay persona, lugar u objeto igual de importante que nuestra salud mental.

Soltar, no parcialmente sino como si cortáramos de un tajo cualquier tipo de relación con nuestro pasado. Apegarnos al desapego como conducta de vida.  Permitirnos actuar con la indiferencia de la hoja que cae de un árbol y se mece al vaivén del viento.

Sé que lograr esa conducta en este mundo tan revolucionado es algo difícil, pero nunca sobra intentarlo.  Comenzar poco a poco, para que el desapego no irrumpa violentamente en nuestra vida sino más bien como un proceso natural; una conducta que tal vez está escondida en nuestros genes, pero que después de practicarla ya no nos resulta tan extraña.

Por:

Juan Manuel Rodríguez Bocanegra

@Vieleicht

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