Desintoxicación de un alma en pena

Desintoxicación de un alma en pena

Hoy fui a cine con mi hermana. Aprovechando que teníamos una hora ‘para matar’, entramos a d.c.i. arte pues yo quería una maleta nueva para el colegio. Compré mi maleta y nos fuimos a ver nuestra película. Compramos crispetas y después de pensarlo decidimos echarles mantequilla. Entramos a la sala y nos sentamos. Éramos prácticamente las únicas, pues la mayoría de la gente se fue para el concierto del momento, “Nuestra tierra”. Mi hermana me dijo que ella quería tener las crispetas, y en esas yo vi una revista envuelta en un plástico dentro de la bolsa donde estaba mi maleta nueva. Le dije, “coge, pon esto abajo para que no te manches con la grasa de la mantequilla” y asunto olvidado. Cuando estábamos a punto de salir de la sala después de un rato agradable viendo una película “buena”, vi la revista y decidí guardarla por si tenía algo interesante. Esa revista resultó ser El Clavo. Ahora sentada en el piso de mi cuarto a las 2:10 de la mañana, oyendo una canción de Ricardo Arjona decidí que guardar esa revista fue una buena decisión.

Últimamente me he sentido muy perdida e inconforme. Mi mamá me invita a tomarnos un café para que le hable de lo que me pasa, pero en vez de ayudarme me reprocha el sentirme inconforme con todos los aspectos de mi vida, pues soy una niña con mucha suerte. Además de pertenecer a una familia “bien” de Bogotá, soy linda, tengo un novio que me quiere y tengo un futuro asegurado. Y entonces pienso ¿y qué? ¿Quién me asegura que mi novio no me va a dejar de querer o no me va a dejar por otra? ¿Quién me asegura que no voy a tener un accidente trágico donde me quede deforme la cara y quién me asegura que tengo un futuro asegurado, si nada en esta vida es seguro ni constante?

Después de una tarde “agradable” y de fumarme el último cigarrillo del día, me siento en mi cuarto a “ojear” la revista que me dieron con mi compra y qué veo. Lo que necesitaba: otra forma de ver las cosas, gente que piensa más allá de lo convencional y no está conforme con su vida. Y me digo a mí misma, “¡qué dicha no ser la única!”. Me meto a la página web que sale en la revista y decido tratar de escribir algo respetable a ver si publican mi artículo en la siguiente edición. Puede que sea algo poco probable, puede que sea un artículo vacío y novato, pero es mío, es mi forma de decirle a los otros adolescentes de mi país que no están solos, que si buscan encontrarán esa gente que en verdad vale la pena conocer; esa gente que los va a comprender y a llenar, así sea sólo por medio de un artículo o una foto. Puede que yo sea sólo una persona más entre 6 billones en el planeta y que mi existencia no tenga ningún propósito, pero aun así estoy aquí, y si estoy aquí es por que tengo una misión que debo cumplir. Por eso decidí escribir esto y probar mi suerte, tal vez no funcione como tal vez sí lo haga, pero me queda la satisfacción de que lo intenté y que fui más allá de comprar una maleta por el simple hecho de que es bonita y barata. ¿Quieren saber cuál es mi mayor miedo aparte de los tiburones? Ser parte de una sociedad que se queda en lo común y en lo corriente, que juega por las reglas y que hace lo que le toca y no lo que le gusta; ser parte de un grupo de niñas con pelo largo, piernas flacas, ropa de moda y miradas vacías; ser una persona más que no hizo nada productivo con su vida y que no pudo ir más allá de lo convencional. ¿No le temen a ello?

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