Educación superior: ¿basura?

Educación superior: ¿basura?

educacionUn sentir generalizado por los jóvenes profesionales: “soy profesional, no consigo empleo y no tengo idea de qué hacer para trabajar en lo que estudié”. Las cifras de desempleo hablan solas. 15,1 % es la tasa de desempleo en las principales 13 ciudades del país según el DANE, a marzo de 2005. Para contextualizar este dato: en la Gran Depresión de los Estados Unidos en los años 30 bordeaba el 12 %.
“Las universidades no tienen en cuenta los mercados labores. Quienes tienen en cuenta esto son los muchachos, que cuando terminan no saben dónde ubicarse. La gran mayoría de las universidades tienen un enfoque bastante clásico, creadas para dar clase, no con una gran atención a la investigación o a formar una gran conciencia social”, dice Luís Enrique Orozco, director del Magíster en Dirección Universitaria de la Universidad de Los Andes.
El vivir un sueño en la universidad y salir y despertar al mundo laboral, es lo que nos hace reflexionar que los títulos profesionales no se revierten usualmente en un salario y unas condiciones dignas de vida. Se plantearía que no es práctico ese tipo educación y que se vería como un trasto, pues siendo estrictos a la frase que nos muestra el mercado laboral “lo que no sirve que no estorbe”, estaríamos hablando de una especie de educación “basura”, que obliga a un subempleo de poco ingreso, consecuencia de no encontrar oficio en lo que se sabe. El Ministerio de Educación tiene pensado en diciembre de 2005 abrir un Observatorio de Mercado Laboral, para empezar a cuantificar todas las cifras relacionadas con los profesionales y sus posibilidades laborales, pues hasta el momento no hay una información consolidada que nos muestre las tendencias reales del problema.
“Todo el mundo quiere ser doctor y pasar por la universidad, porque se volvió el esquema ideal de formación humana. Esto ha causado una descalificación de la educación técnica y tecnológica, que es vista como de segundo grado o para pobres, todo lo contrario a lo que se ve por ejemplo en Japón” agrega Orozco. “Las universidades deben diversificar la oferta. No veo por qué la universidad pública no abre carreras técnicas que serían de calidad y cerrarían muchas universidades de absorción (“garaje”). El hecho de que la universidad tenga en cuenta estos mercados, no quiere decir que deje de cumplir sus tareas como centro formador de valores, de debates de los problemas nacionales, de crítica social y centro de pensamiento filosófico y cultural”.
En los países industrializados son flexibles los esquemas de formación ya que se puede ingresar como técnico, luego seguir como tecnólogo, continuar como profesional y luego hacer algún postgrado, y en el intermedio de todas estas etapas se sale a trabajar. Es un sistema de pirámide invertida que permite hacer un puente permanente entre la vida práctica y la vida académica, contrario a lo que sucede en nuestra realidad. En Colombia, según datos del Ministerio de Educación, el 78% de los estudiantes de educación superior cursa programas profesionales universitarios, un 8%, programas técnicos profesionales y un 14%, programas tecnológicos.
“Estamos emulando estereotipos que no son los nuestros. Tarea de las universidades es crear nuevas demandas ¿Dónde están las universidades que estudien la biodiversidad, los bosques tropicales, industria pesquera, marítima y fluvial? El país está sentado en una mina de oro y no se da cuenta”, dice Guillermo Páramo, experto en el tema, ex rector de la Universidad Nacional y actual rector de la Universidad Central. “¡Las grandes transformaciones que faltan se hacen así, pensando en lo nuestro, con dignidad, buscando en nosotros mismos, no esperando que nos busquen!”, comentó.
Las soluciones a futuro no se ven claras, ya que para cambiar esas estadísticas en empleos y trabajo calificado, tiene que fomentarse con recursos del Estado y políticas efectivas pensadas a corto, mediano y largo plazo, según los expertos consultados. Parecería que a los actuales actores que toman decisiones en el país les ha quedado grande dar soluciones ajustadas a la realidad. Por eso, el universitario debe sentirse retado ante esto. ¡Con un solo acto de voluntad no cambiamos el mundo, pero sin este vital acto tampoco lo cambiamos!

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