El axioma del pato

El axioma del pato

axioma_patoSi se ve como pato, suena como pato y actúa como pato, entonces es un pato. La función sobre la estructura. No importa de qué está hecho, ni lo que tiene dentro, ni cómo opera. Si cumple con las premisas, es un pato. Según el axioma, un pato puede proclamar que lo es mientras que su apariencia y sus acciones sean acordes con la imagen que su entorno tenga de los patos.
Como en todo, hay una cara oculta. Para que el axioma se cumpla a cabalidad y esa ave neurótica que tenemos al frente haciendo ruidos extraños sea considerada un pato, necesitamos ponernos de acuerdo en cómo se ve un pato, cómo suena y, más importante, cómo actúa. Así que el axioma se sostiene sólo si existe un entorno que tenga un concepto estable de pato contra el cual se pueda comparar un ejemplar particular.
Al estar un posible pato siempre inmerso en un entorno, es probable que dicho entorno tenga un concepto estable de pato. Ya sea la reacción común de un grupo de rayos cósmicos al atravesar su cuerpo o la felicidad del cazador oculto entre juncos al verlo acuatizar, el entorno provee el concepto mientras que el posible pato provee su apariencia y sus acciones. Así, desde el punto de vista del cazador y de los rayos cósmicos, el axioma se cumple. Claro, para los rayos cósmicos todos somos patos, pero ese es otro asunto.
Imaginen ahora un pato establecido como tal que se pone una cresta roja, se opera el pico, se ensucia las plumas, aprende a cacarear y a comer maíz. Las reacciones de los otros patos serán diversas. Unos no entenderán qué pasó con él y lo considerarán un intruso que debe ser atacado y expulsado del estanque. Otros modificarán su concepto de pato. No hay problema y todo como antes. Nosotros, desde la orilla, veríamos una gallina que aprendió a nadar. Queda un inconveniente: no se comporta como pato o como gallina. Los viejos conceptos estables no funcionan y sólo hay dos caminos: pensar que es una aberración o modificar los conceptos. Ningún camino es fácil, ni para los viejos patos, ni para el pato-gallina.
Supongamos que se marcha a una granja. Se mezcla con las viejas gallinas, se codea con los gallos y desarrolla su instinto maternal con los pollitos. Para ser románticos, se enamora del gallo más gallardo. Llega el clímax de la noche de bodas y, para sorpresa del consorte, su gallina no funciona correctamente. En el peor de los casos: juicio a medianoche, destierro de madrugada. En el mejor: el gallo idealista cree en un amor que trasciende lo físico. Terminan adoptando algunos pollitos huérfanos por sancocho.
Axioma y entorno se combinan produciendo resultados que van desde lo hermoso hasta lo horrendo, pasando por lo cotidiano. Es interesante porque el axioma se aplica a cada momento, en todos los entornos. Nuestro entorno nos aplica el axioma en todo momento. Para bien o para mal, nosotros actuamos en consecuencia.
Una noche, una casa elegante. Automóviles costosos parqueados al frente. Una fiesta. Entro. Llevo un traje oscuro acompañado por una corbata azul. Muy sobrio. Elegante. El cuello me molesta. Me muevo inquieto por el salón. Tomo una copa de vino de una bandeja que lleva un mesero. Me mira con desdén contenido. Evidentemente, soy un pato, pero quiero pasar por gallina.
Universo alterno. La misma noche, la misma casa, los mismos automóviles. Estoy vestido con jeans, camiseta, tengo el pelo suelto y algo largo, tenis sucios. Los otros, muy formales, gracias. Misma copa, mismo mesero. Me mira con franco desdén. Evidentemente, soy un pato.
Lo importante: un pato auténtico.

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