El Macho en Rosa

El Macho en Rosa

Enfrento la temida hoja en blanco tratando de no sonar a viejo y permitiendo a mi memoria olvidar los kilos ganados y los pelos perdidos. Mi hombría, mi masculinidad, mi testosterona, se ven obligadas a reflexionar cuando me encuentro con que en pleno siglo XXI mis compañeros publicistas siguen recurriendo al mito del macho primitivo, pelo en pecho, para vender champú y con un retrogusto amargo me meto de cabeza una profunda reflexión sobre lo que significa hoy en día ser hombre, simplemente un hombre.

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Foto: Raquel Muñoz - El Clavo

Hace un par de años en una reunión con unos amigos mi mujer se dirigió a uno de ellos, soltero cuarentón, bien vestido, siempre huele bien, perfectamente peinado y sin entradas notorias, y le decía “Juan (nombre cambiado para evitar líos) es que tu eres el perfecto metrosexual” no supe cómo sentirme: si como el perfecto retrosexual o tal vez atacado en mi posición de género o tal vez recibiendo una indirecta de mi mujer. Nunca lo sabré porque por supuesto ella lo hizo de una manera desprevenida e inocente, supongo.

En ese momento Beckham estaba imponiendo furiosamente el modelo del hombre que se cuida, que no tiene barriga, que siempre está bien puesto y que, además, saca tiempo para cuidarse, hacerse peeling, tratamientos para la caída del pelo, etc. Algunos no tenemos el tiempo para hacernos esas cosas, pero en el fondo ¡Qué bien me caería algunas de ellas!

El mito del caballero en brillante armadura que protege a su damisela en peligro está tendiendo a desaparecer porque las mujeres cada día son más independientes y prefieren hacer las cosas por sí mismas a tener ayuda de un hombre; ellas nos han ido matando esos detalles que hacían la vida tan especial para los abuelos: abrir la puerta, ceder el puesto, dar la mano al bajar del bus, etc. Es que ya ni siquiera te reciben la mano al bajar del carro y no saben cómo comportarse cuando les acomodas el asiento. Ese es el resultado de la guerra de los sexos donde perdimos todos.

Pero regresando a mis amigos publicistas y la campaña de Ego, Axe y Head and Shoulders, ahora resulta que para ser un hombre, en todo el sentido figurativo de la palabra, toca comprar lo que ellos dicen, llegan incluso al punto de ridiculizar la situación donde el protagonista anda “cazando” esposa por usar un champú para mujeres “si usas lo que ellas… te comportas como ellas”. entonces, si bien superamos la barrera de la adolescencia donde teníamos que “luchar” contra todos nuestros compañeros de colegio, de cuadra o de conjunto, para demostrar que podíamos ser más fuertes, más machos, tener más novias, golpear más duro, dejar empeñadas las lágrimas porque era de niñas llorar, ahora nos toca usar productos para hombres, inventados para mujeres, pero ahora para hombres.

El hombre del año 2009 llora, es cursi, le gusta decir “te amo”, se involucra en la crianza y la disfruta, cocina desde arroz hasta rissotto, ayuda con los quehaceres de la casa (bueno, no todos), le gusta verse bien (otra vez el fantasma de mi amigo) bueno, sin extremos; ya no anda desaliñado por el simple hecho de ser hombre, es más equilibrado. Recuerdo que Platón decía en alguno de sus textos, el Fedro creo, “que los amantes eran como ángeles de una sola ala, que al encontrarse, se abrazaban y volaban al cielo”… La sociedad de hoy, individualista y cada día más tendiente a la soledad, nos obliga a encontrarnos con nuestro lado rosa por más machos que seamos, por más pelos que tengamos en zonas donde no estaban hace unos años o los que ya no están donde deberían estar. He visto con agrado a amigos que un domingo gritan furibundos al arbitro por no pitar cuando debía pitar y en la noche juegan con sus hijas, las ayudan a peinar, hacen galletas y tortas mientras les cuentan historias del partido de la tarde; también los he visto explicando a sus pequeños que a las mujeres ni con el pétalo de una rosa – a las niñas se les respeta – esos son los machos en rosa, los hombres que no temen acercarse a su compañera y contarles sus temores sobre la vida y la muerte, los que comparten los triunfos de ellas como propios y quienes ponen su familia por encima de las noches de copas, bueno, no todas las noches de copas pero sí algunas.

Ese equilibrio interno que buscamos, la paz que añoramos en nuestro interior es también resultante de equilibrar esas fuerzas internas y afrontar: que más que hombres, somos seres humanos, que no necesitamos un champú, un gel, o una loción hidratante para hombres como camino para reafirmar nuestro género. Sólo necesitamos de vez en cuando un hombro donde llorar, un poco de chocolate y por qué no, una tarde de lluvia viendo películas abrazados a la mujer que nos ama y, porque no aceptarlo, nos protege en una brillante armadura de los dragones que siguen pensando que es imposible disfrutar de un campo de violetas jugando con nuestros hijos, hijas y esposa.

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