El mal de muchos

El mal de muchos

 

Fotografía: Alejandro Palomino - EL CLAVO

Hay un dicho popular dice que “la pereza es la madre de todos los males” y estoy comenzando a evidenciar que es así. A diario, en mi cotidianidad, lo compruebo cuando veo los trancones que se arman porque los buses paran para dejar y recoger gente que se hace en las esquinas y los semáforos, por la pereza de hacerse en el paradero; veo la basura tirada en la calle y en los desagües por la pereza de llevarla al tarro. También lo veo en los trabajos que presentan los estudiantes con un alto grado de copiar-pegar, por la pereza de leer y construir sus propias ideas. Y es que en últimas se ve en todo: el dinero fácil, madrugar, los caminos en el pasto para acortar distancias y trabajos a medias. 

Y como provocadora de otros males, la pereza no está sola: la indisciplina, la inconstancia y la mediocridad. Nuestra gestión es limitada, nuestras acciones llenas de facilismo y nuestra forma de pensar de corto plazo. No podemos generalizar que todos somos unos perezosos y mediocres que no terminamos lo que empezamos, pero la ley del menor esfuerzo vemos que se aplica a diario. 

El otro día un amigo me comentaba que estaba aterrado de cómo se trabajaba en una entidad pública, y que no se explicaba cómo era que funcionaba con tanta mediocridad. Me decía que la mayoría de personas que trabajaban ahí eran cuotas políticas, que no habían llegado a su cargo por méritos y por lo tanto no habían pasado por un proceso de selección. Además, sus jefes no son sus reales jefes, porque ellos están ahí por un compromiso político y que además, no son idóneos y muchas veces no están capacitados para realizar la labor de su puesto. Eso explicaba en parte el comportamiento mediocre e improductivo de éstas personas. 

Pero no es sólo pasa en lo público, claro que allá se acumula un alto grado de ineficiencia. Sucede prácticamente en todo, porque hacer las cosas por el camino más corto, así queden mal hechas, hace parte de nuestra cultura. Todo al mejor estilo de Homero Simpson. Esto abre un gran camino de oportunidades para quiénes son menos perezosos que el resto y esto hace que se destaquen fácilmente de los demás con un poco de disciplina, porque “en tierra de ciegos, el tuerto es rey”.

La disciplina es tal vez la virtud más importante que pueda tener un ser humano que aspira a sobrevivir en un mundo tan competido. Con disciplina y un buen enfoque, prácticamente podemos llegar a donde queramos, porque la disciplina genera constancia y a la larga la constancia le gana al talento. Muchas personas que son talentosas para realizar determinada actividad pueden caer en confiarse e improvisar, los constantes tal vez no sean los mejores al principio, pero siempre están ahí, mejoran con el tiempo y siempre finalizan. 

Por eso en lo posible trato de escoger a mis amigos, gente que camelle con constancia en lo que le gusta, que avance. A veces me siento cansado de andar con gente mediocre, perezosos y chupa sangre que siempre están en el mismo lugar, muchos de ellos conformistas. Hay que interpretar la dinámica de nuestras vidas que consiste en saber afrontar los problemas, tratar de supernos a nosotros mismos, sentir que somos mejores siendo creativos y proyectando un plan de vida a futuro. Por lo tanto, haciendo que nos alejemos del impacto de éste mal.

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