El nuevo traje del emperador

El nuevo traje del emperador

Sáquenme de la duda. Siempre me siento tentado de contarlo en voz alta, pero el miedo a ser señalado, censurado, vituperado o simplemente ‘madredado’, me da culillo.

Alguna vez asistí a una representación teatral llamada”Memoria y olvido de Ursula Iguarán”. Asumí que para comprenderla me apoyaría en mi conocimiento previo de la obra de García Márquez, de quien había devorado ya seis obras. Armado de valor y con mi boleta de segunda fila, asistí embelesado aun desfile de escenas metafóricas y retóricas de mucha plasticidad y belleza. Cuando terminó la obra, el público aplaudió a rabiar, de pie, por más de tres largos e inconmensurables minutos. Ala parecer, el libreto, la puesta en escena y las interpretaciones fueron todas soberbias.

Lo gracioso (¿?) del cuento es que yo no entendí ni papa. No entendí nada. Ni las actuaciones exageradas y llenas de clichés, ni la escenografía rebuscada y grotesca, ni los chillidos hitéricos, ni la música… absolutamente nada. Me pregunté si tendría atrofiado el sentido del gusto y la percepción e lo bello, porque dos días después la prensa reseñó que la obra había sido éxito rotundo en todos los lugares en que se presentó.

Si he de ser franco, dudo mucho que ese público hubiera leído aunque sea dos libros de Gabo. Así es que tengo la horrible sospecha que aplaudieron porque no sabían qué otra cosa podían hacer. Se supone, que eso es arte experimental, y lo experimental es libre… abstracto. Pero – de corazón- creo que aplaudieron por no hacer el ‘ridi’.

Tenaz, ¿no?

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