El padre de la psicodelia

El padre de la psicodelia

lorza

Era el año 1412. Las calles de las principales ciudades de la Europa medieval estaban impregnadas de un olor nauseabundo, donde hombres y mujeres caminaban con las narices podridas, los dedos gangrenosos, la mirada desorientada en alucinaciones; las personas se aferraban a los rezos con la esperanza que la epidemia no acabara con su propia vida y la de sus familias. Sólo en 1587 la facultad de medicina de Manburgo encontró el origen de la enfermedad. La epidemia procedía de un hongo que ataca al centeno, de donde proviene la harina con que se amasa el pan.

Cuatro siglos después, en 1943, un atrevido científico suizo investigaba los agentes químicos que habían generado la intoxicación. La tarea era encontrar cuál de las sustancias del hongo era la causante de la gangrena. Luego de varios intentos logró manipular el núcleo básico, una sustancia llamada Acido Lisérgico, con el que inició un proceso que le permitiría escudriñar sus componentes. En medio del proceso, unos pequeños cristales cayeron en su piel, el científico se sintió mareado y decidió abandonar el laboratorio. Al montar en su bicicleta, una cierta embriaguez lo inundaba y en el camino a su casa los colores se hicieron más evidentes, e imágenes caleidoscópicas aparecían de repente. Sin darse cuenta, el joven científico tuvo uno de los más recordados viajes en bicicleta de la historia, el primer viaje de ácido. Se había descubierto la LSD.

En 1950, un grupo de etnobotánicos estudiaba los componentes químicos de un hongo conocido como Don Diego que era reverenciado por las antiguas tribus mexicanas como el camino hacia Dios. La extracción química no arrojó resultado y la recomendación fue enviarle los hongos al químico suizo que había descubierto la LSD. Al recibir los hongos, el suizo los ingirió y el resultado fue sorprendente: todo empezó a parecerse a México, su colega de laboratorio se convirtió en un sacerdote azteca y el lápiz de apuntes en un cuchillo de vidrio volcánico. Sorprendido, el químico aisló los componentes y el resultado era similar al analizado anteriormente. La LSD también se hallaba en México.

Sólo una década después, en los años 60, la LSD iluminaría las mentes y las almas de músicos, poetas, pintores, cineastas y todo tipo de ociosos. Esta sustancia sería el motor de la era psicodélica, y se convertiría en el complemento de muchísimas manifestaciones como el hippismo, el activismo anti guerrerista, la música de The Doors, The Rolling Stones, The Beatles (Lucy and the Sky with Diamonds) y el Pop Art. En una época en donde todo significaba expansión de los sentidos, el compuesto descubierto años atrás permitió romper ciertas barreras mentales, pero al ser un objeto más de consumo individual perdió su estatus de conexión con el mundo espiritual, se mezcló con las drogas adictivas como la heroína y la cocaína, y se convirtió en el hijo-problema del químico suizo.

Hace unas semanas, el 30 de abril, murió el científico que descubrió esta sustancia, el suizo Adolf Hoffman; tenía 102 años. Considerado como el padre de la psicodelia por sus descubrimientos, nos deja esta reflexión: “Creo que es muy importante que uno comprenda perfectamente que la utilización de las drogas es una aventura, porque la entrada en otros niveles de conciencia, ya sea a través de la meditación o productos psicodélicos como la LSD, siempre implica un atrevimiento. Pero creo que deberíamos dejarlo a la libre responsabilidad del individuo; él debe ser quien decide y cuál debe ser la vía que quiere utilizar para lograr una mayor comprensión de los grandes misterios de nuestra existencia. Tiene que ser él quien decide si prefiere salirse de las enseñanzas religiosas, de la fe, para acercarse a este misterio. Pero en realidad no es tanto la LSD la que puede aportar la iluminación al individuo; hace falta una preparación, hace falta una expectación y una madurez, y una responsabilidad muy grande Uno tiene que entender que no puede mantener su vida en ese estado, como los indígenas, que sólo lo hacen como un ritual. Sin estos requisitos, la LSD no es más que una sustancia, una sustancia que tiene relación con nuestro organismo. Nosotros, como organismos bioquímicos, tenemos una afinidad con el mundo vegetal. Nosotros lo debemos todo a la planta, le debemos nuestro alimento, nuestro propio proceso vital y su energía, y en realidad podríamos calificar estas sustancias de psicovitaminas, capaces de ayudarnos a ir más allá de nuestra maduración física, que nos ayudan a un crecimiento psíquico y espiritual.


Entrevista con Albert Hoffman realizada por Televisión Española. Los entrevistadores eran Fernando Savater, Mario Satz, Luis Racionero, Antonio Escohotado.

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