EL PODER DE LA OMISIÓN

No creo que haya hoy en día alguien que dude del poder de los medios de comunicación. Los cuestionamientos acerca del uso que hacen de este poder están a la orden del día, incluso inmersos dentro de las mismas cadenas masivas que, por orden de la ley, han creado espacios destinados a la defensoría de los receptores de la información.

Es curioso, entonces, que si tenemos tan clara la influencia del medio, no seamos tan perspicaces para comprender la influencia de los mensajes.

A raíz de la violenta arremetida israelí, justificada o no según opiniones diversas, contra Hamas en la Franja de Gaza, me surge un interrogante que estoy seguro, ha pasado desapercibido para la mayoría de los espectadores que siguen el desarrollo del conflicto a través de la televisión y la web.

¿No han notado que, a pesar de la densa atmósfera que rodea los hechos, ningún canal nacional o internacional ha utilizado el término “judío” para hacer referencia a una de las partes implicadas en la invasión?

Obviamente esta es una decisión sabia que seguramente debe haber cruzado las discusiones en los consejos de redacción de los diferentes medios de comunicación que cubren el día a día de la crisis en Medio Oriente. Y es que el mero uso de esta sola palabra sería suficiente detonante para avivar las llamas del odio de los enemigos del pueblo hebreo. Además, es muy probable que de utilizarse constantemente para definir a miembros del gobierno o a las tropas israelíes, esto permearía nuestra cultura globalizada convirtiéndose en un crisol de odios hacia dicha nación, odio que sería rápidamente aprovechado por fanáticos de todo el mundo que de manera radical inculcan a viejas y nuevas generaciones el estigma milenario de un pueblo que ha sufrido lo suyo.

Y aclaro que esto último no justifica para nada las acciones bélicas exageradas de las semanas recientes.

Ahora bien, para cerrar esta corta reflexión que no intenta acusar a nada ni a nadie, me permito elaborar una pregunta sencilla cuya intención es la búsqueda de una reflexión por parte de los lectores acerca de nuestra pasividad consumista de información: ¿Por qué los medios masivos de comunicación no han dado ni dan aún hoy este mismo sabio y respetuoso tratamiento informativo a la religión musulmana en los hechos violentos que involucran sólo a una minoría de sus miembros?

De haber sido así, tal vez el mundo se habría ahorrado la vergüenza de estigmatizar a una nación esparcida alrededor del globo cuya visión del mundo en ocasiones parece más hermosa y justa que muchas otras. Las consecuencias de ello son desde familias árabes bajadas de aviones comerciales por razones absurdas hasta un repudio ignorante y creciente que en un planeta globalizado cercena para las nuevas generaciones la posibilidad de desarrollar un sentido de tolerancia hacia aquellos que no hacen parte de las acciones monstruosas de quienes los representan ante la comunidad internacional en los encabezados de algunas noticias de las primeras planas.

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