El que NO piensa, pierde

El que NO piensa, pierde

piensa_pierdeExiste una pregunta que en lo más profundo del pensamiento nos cuestiona, nos confronta y a veces nos hunde en un incómodo malestar, cada vez nos grita y nos aturde dentro de una cultura donde pensar y pensarse ya no es funcional y mucho menos usual: ¿Quién soy?
Es sorprendente cómo poco a poco el ser humano deja de ser un individuo de preguntas. Es tan fácil y tan cómodo conformarse con lo de afuera, con lo que nos toca asumir, que ya no hay tiempo -ni es necesario- de detenerse en silencio frente a uno mismo. Inmersos en una sociedad que nos acoge desde pequeños, somos absorbidos por una cultura industrial que no nos deja pensar: “El que piensa, pierde”. Sin embargo, cuando abandonamos la infancia, el deterioro social, ilustrado en nuestra ciudad y en el país, nos sacude fuertemente cada día y nos obliga a cuestionarnos sobre lo que somos y lo que nos hace ser así.
Estoy de acuerdo con la psicóloga Luz Adriana López en que “asumirse como pensador, es asumirse en ansiedad permanente”. Por eso existen los que se limitan a “ingerir” lo que de afuera viene, mientras otros no “tragamos entero” y tratamos de respondernos lo que es un misterio.

La respuesta no sólo debe estar fundamentada en argumentos filosóficos y mucho menos técnicos; y no debe limitarse a lo que tenemos, porque según nuestra sociedad, sin el carro, sin la ropa de marca y en la quiebra, supuestamente no somos nadie.
Tampoco debemos negar la cultura, porque como diría Jerome Brunner, los referentes culturales, que nos indican lo que debemos ser, son determinantes de nuestro desarrollo. Es la cultura quien estructura al ser humano y negarla sería negar una parte de lo que somos. Por esta razón, dentro de la cultura de consumo -deteriorada en valores- debemos reconocernos como consumidores, como sujetos que se amoldan a los parámetros sociales, pero también como constructores y actores que influyen en el desarrollo y en el progreso de la sociedad.
Responder a lo que somos y a lo que influye sobre nosotros, se vuelve cada vez más complejo a medida que entendemos que existe un mundo exterior determinante. Con respecto a esto, Brunner plantea la concepción del “Yo Fragmentado”. Ésta se refiere a aquellos elementos del mundo exterior que nos construyen en la infancia -la familia, el colegio, el grupo de amigos, la cultura etc.-; de cada uno de ellos hemos adquirido algo y todos se convierten en un conjunto de fragmentos que constituyen nuestro ser.
La respuesta entonces a dicha pregunta debería ser sencilla y clara: Somos críticos. Críticos para asumirnos como individuos, porque no es posible asumir una responsabilidad social si uno no se asume a sí mismo; para ser conscientes de qué y por qué consumimos; consistentes con lo que elegimos usar, comer, comprar, opinar; coherentes con nuestras elecciones de vida, de candidatos, de carrera y profesión. Críticos con lo que nos están enseñando; con lo que nos muestran los medios de comunicación; y con las realidades y parámetros sociales de nuestra ciudad y nuestra nación.
Al ser críticos tenemos conciencia para decidir cómo asumimos la cultura y los argumentos necesarios para hablar con seguridad de nuestra identidad. Lo que somos, hacemos y tenemos debe estar fundamentado en nuestro propio criterio. Esto es lo que nos diferencia de los demás y lo que nos hace responsables de elegir.
Pensar y pensarnos es esencial en una sociedad que constantemente está cambiando y que, por lo tanto, nos exige cambio. Con criterio, se logra tomar un papel activo dentro de la sociedad, logrando al mismo tiempo reconstruirla tapando los huecos de la ética, recogiendo los desechos de los antivalores, y renovando las raíces de la conciencia que nos hace libres en medio de nuestra encasillada cultura.
Taller Hacer para Transformar (PUJ/Decanatura del Medio Universitario) Octubre 5-7 2003
BRUNNER, Jerome (1990): “La Autobiografía del Yo” En: Actos de Significado. Alianza Editorial, Madrid.

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