El rock de mi pueblo

El rock de mi pueblo

Su pelo es rojo, su camiseta esqueleto es verde y su bluejean parece que algún día fue morado. Me gustan sus Converse con calaveras rosadas, pero lo que más me gusta es la forma en la que baila: baila sola, pero no vino sola. Cierra ocasionalmente los ojos, mueve las caderas y los hombros, ella misma se seduce; levanta los brazos, ataca la sed con una cerveza en la mano y con un grito de parrandón pide más, pide más del rock de mi pueblo.

A finales de la década del 50 Colombia conoció el Rock and Roll, el género musical que haría escandalizar a los adultos de la época y que despelucaría, a partir de ese momento, a generaciones de jóvenes en busca de expresión, libertad, sexo y diversión. El rock llegó a Colombia como parte de su inminente conquista del mundo y nosotros estuvimos bien dispuestos a guardar en un baúl los boleros, bambucos y pasillos con los que se rumbeaba y levantaba en las fiestas… Aguanta preguntarse, ¿qué se bailaba entonces en las izadas de bandera?

Elvis, Hendrix, los Beatles y Mercury hicieron lo suyo, y nosotros también hicimos lo suyo. Aprendimos su rock, lo tradujimos al español y arrancamos, sin saber, un proceso evolutivo que terminaría sacando a relucir la identidad mestiza que dio inicio a nuestra historia en el mundo. Colombia hizo rock con Los Daro Boys, Los Pelukas; Lo sigue haciendo con Kraken y La Pestilencia.

Colombia se tatúa el tricolor, cumple su gestación y de la mano de bandas como Sidestepper, Bomba Stereo, Choquibtown, Systema Solar, Pernet, Puerto Candelaria, Cinemacinco y una buena camada más da a luz al Rock de mi Pueblo.

 “… Y si MTV no nos pasa

por su tele full color

de seguro

es que no saben

que en mi pueblo

se hace rock

que en el río Magdalena

fue que la cumbia nació

como el blues

del Mississippi

la cuna del rock´n roll…” (Carlos Vives)

Para diseñar nuestro rock le dimos a las guitarras, las baterías y los bajos una sobredosis de todo lo que hace algunos años guardamos en ese baúl. Para cocinar el rock de mi pueblo había que mezclar sin medida y con hambre la cumbia, el pacífico, nuestro sudor, el acordeón, el porro, mucho porro, la selva, la bulla, nuestra pasión, lo que hemos sangrado, salsa de chontaduro y hasta agüita de coco; En el tope de este sancocho la cereza de la modernidad.

Lo nuestro es rock por lo auténtico, lo austero y lo honesto; Es colombiano por lo multirracial, lo aleta y lo sabroso. Esta herencia que nos dejaron y que hemos enriquecido como legado entra por tus oídos y sale por tus pies, por eso la pelirroja sigue bailando. Creo que su mente se transporta, pero su cuerpo sé que está enraizado en el Rock de mi Pueblo.

Es hora de reconocer el proceso. Es hora de agradecer a los rebeldes sin miedo, o con miedo pero con huevos. Es hora de valorar nuestro logro y proyectarlo con orgullo. Es hora de perfilar nuestras ambiciones y agarrar con fuerza ese escudo con el que hemos perdido, empatado y ganado nuestras batallas. Es hora de celebrar. Felices 15 años Revista El Clavo.

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