El uso y el abuso

El uso y el abuso

uso_abusoHace algunas décadas la pornografía era un lujo del ser atrevido que retaba a la sociedad asistiendo a funciones matutinas en lugares oscuros y poco higiénicos; lugares donde una actividad vista como perversa e inmoral parecía ser el resultado de mucho tiempo para el ocio.
Este culto a lo prohibido ha cambiado a través de los años y se ha convertido en algo más que un secreto debajo del colchón o una voladita de la oficina para asistir a la función del Cine Oro en la calle 13 de Cali.
La pornografía en general es una industria que mueve grandes cifras en todo el mundo, mediante todo medio vigente pero principalmente en el medio impreso y el medio audiovisual. Ya fuese cine o televisión, la pornografía en todos sus géneros hace parte de nuestra vida diaria.
De la imprenta al teatro y del teatro a la televisión
Grandes visionarios de los medios como Larry Flynt, fundador de la revista Hustler, y el respetado fundador de la revista Playboy, Hugh Hefner, nunca imaginaron que la pornografía tendría tal aceptación que llegase a convertirse en una industria que tocara la puerta de todos los hogares del mundo.

En una sociedad que había alimentado sus inquietudes sexuales rentando videocintas con gabardina y sombrero puesto para que fulanito y perencejo no se enteraran de que a él le gustaba ver Garganta profunda o Traseros calientes, llegaría el día en que ya no sería necesario ir a la video tienda porque tendría toda una gama de contenidos adultos al alcance del control remoto. La era de la televisión por suscripción había llegado.
Hace aproximadamente siete años que el primer canal de contenidos eróticos, Playboy, presentaba la oportunidad de que aquellos que gustaban de la publicación impresa del mismo nombre, ahora disfrutaran de las conejitas a cualquier hora del día. Este servicio fue amablemente recibido por muchos y furiosamente rechazado por otros, que lo vieron como un atentado a la integridad moral de la sociedad.
Tienes un sexo y debes encontrar su buen uso.
Tienes un inconsciente y ‘ello’ tiene que hablar.
Tienes un cuerpo y hay que gozar de él.
Tienes una libido y hay que gastarla.

Jean Baudrillard
“De la seducción”.

HardCore – SoftCore
Los canales no-pornográficos que vieron a las nuevas ofertas de programación para adultos como un atentado contra sus antes “muy seguros ratings” decidieron ponerle algo de pimienta a sus contenidos. Novelas un poco más calientes, escotes más bajos y faldas más cortas fueron algunos de los ingredientes nuevos que añadieron las productoras a sus elaboradas canales, como O Globo y The Film Zone, con sus bloques nocturnos ricos en lo que ahora se conoce como SoftCore o cine erótico, donde se muestra algo pero no suficiente como para ser considerado pornográfico.

La sociedad no sólo permitió el crecimiento de este género sino que abrió un margen de permisividad a algo que en algún tiempo pudo ser considerado como un atentado contra todo tipo de moral convencional.
¿Arte?
Cuerpos esbeltos, libido, luces y mucho sudor, pueden ser algunas imágenes que se nos vienen a la cabeza cuando pensamos en pornografía. Alguna vez alguien dijo que la diferencia entre pornografía y arte era cuestión de iluminación. Esta persona no estaba muy lejos de la realidad, así como tendencias antiguamente consideradas afluencias artísticas tomaron forma de medios y elementos de comunicación en nuestra identidad modernistas. La pornografía, en un medio altamente masivo como la televisión, ha adoptado la posición formadora de criterios y escultora de gustos en el amplio dominio que la televisión cubre.
Juicios y prejuicios
El hecho de que contenidos “para adultos” hayan llegado a la televisión por suscripción como una alternativa de entretenimiento, no evita que ésta sea constantemente atacada por todo tipo de grupos que encuentran en dichos contenidos un disparador para el desquicio sexual de criminales que atentan contra mujeres y niños. Esto sin tener en cuenta que dichas fronteras, que se sobrepasan bajo el título de perversiones, son elementos normalmente encontrados en un humano, que bajo el esquema del silencio o la opresión moral encuentra alivio en los contenidos que dichos programas aportan.
La conclusión sería abrir nuestros ojos en vez de cerrarlos y adoptar una posición tolerante y comprensiva a la diversidad de gustos y apreciaciones que podemos encontrar en una civilización de libre pensamiento, donde el fascismo se ha convertido en una herramienta humorística. El sexo, el arte y la tragedia son elementos indispensables de la televisión, y en general, de los medios de penetración masiva que son manipulados para lograr un mercadeo efectivo en una sociedad casa vez más hambrienta de cuerpos hermosos y actitudes atrevidas. “Vemos lo que creamos y creamos lo que deseamos”.

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