El verdadero periodismo no ha muerto, se ha reinventado

El verdadero periodismo no ha muerto, se ha reinventado

periodismo no ha muerto

Estamos viendo televisión cuando de repente interrumpen la programación para informarnos de algo muy importante que afectará nuestras decisiones en el futuro cercano: Mick Jagger se comió una oblea de $10.000 en Bogotá. ¿Qué es esta vagabundería?

Muchos lo interpretan como el fin del periodismo. Nosotros creemos que más bien se desgastó el modelo modernista de periodismo. ¿Cómo así? Usando un paralelo gastronómico, recordemos que nuestros ancestros cultivaban su propia comida y lo que les sobraba lo intercambiaban en el mercado por otros alimentos o productos que no produjeran localmente. Con la llegada de la Modernidad, nos convertimos en consumidores que no producimos nada (aparte de CO2) y tenemos que comprar todo en el (súper) mercado. Los granjeros fueron desplazados por los cultivos extensivos de caña, arroz, maíz o ganado, propiedad de grandes corporaciones cuyo más importante objetivo es lograr la mayor rentabilidad posible para sus inversionistas. Y pasa que lo más rentable es bajar costos homogenizando los productos para poder usar la misma maquinaria e insumos, mientras se aumentan las ventas llegando a más consumidores con el mismo producto y la misma publicidad. ¿Suena familiar?

Cambiando comida por noticias y granjeros por periodistas, éstos fueron desplazados por grandes conglomerados de medios cuyo más importante objetivo es, cómo no, maximizar la rentabilidad para sus inversionistas. Por eso cada vez más contenidos en estos grandes medios son físico relleno muy barato de producir y formateado de tal forma que llegue a una audiencia muy grande. ¿De quién es la culpa? De nosotros, que damos click en cuanta cosa vemos en Facebook y no nos perdemos cuanto reality dan en televisión.

¿Y entonces dónde está la solución? Nuevamente, en nosotros. Siguiendo el paralelo gastronómico, aunque el mercado lo dominan las cadenas de comida rápida, todavía encontramos asaderos atendidos por su propietario, mercados agroecológicos dónde comprar vegetales orgánicos o incluso carísimos restaurantes gourmet con propuestas audaces a partir de elementos locales.  Su equivalente serían entonces los medios alternativos como esta revista, que le apuestan a un nicho de mercado, de audiencia más reducida pero con contenido especializado.0

Vemos entonces que están emergiendo no una, sino muchas formas de periodismo. Habrá híbridos donde a partir de nuestras denuncias como “reporteros ciudadanos”, pequeños colectivos de periodistas identifiquen tendencias e investiguen a profundidad con el criterio y las herramientas de su profesión; investigadores independientes que colaboren con varios medios; incluso grandes multinacionales de la noticia que pongan sus recursos de vez en cuando a destapar escándalos porque es su labor social y no solamente lo que más rentable salga. ¿Cuál se impondrá? Tal vez ninguna. Tal vez todas. Todo depende de que dejemos de alimentar la bobada y apoyemos a las nuevas propuestas de periodismo como El Clavo, en vez de sólo quejarnos.

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