Ella me utilizó…

Ella me utilizó…

“¿Qué validez tiene el chantaje en el amor, donde todo se vale?”
– Antonio, en Rosario Tijeras, de Jorge Franco –

Al principio y al final el amor estalla. Desde la esquina de mi
forzado retiro, escribí la historia del romance que Diana y yo vivimos
mientras duré; o mejor dicho, le duré. Sean los únicos testigos de
nuestro secreto. Alguien tiene que saberlo, menos él…

ella_me_utilizoCapítulo I

Cuando entraba me emocionaba al verla. Llegaba
distraída en las mañanas porque ‘le cogió
la tarde’ o por la somnolencia que le provocaba el trasnocho
del día anterior. Sin recato alguno le daba paso a sus
necesidades y tareas principales, para luego arreglar detalles
de su presentación general. Desde mi puesto de trabajo,
disimulaba diplomáticamente mi voyeurismo. Ella no se daba
cuenta, pero yo la observaba consumando desde ese momento lo inevitable.
Comenzaba la excitación.

Capítulo II

A veces pasaban pocos minutos antes de nuestro
sagrado encuentro. ¡Cuánto detestaba cuando prolongaba
la cita los domingos! Había esperado todo un día
para estar con ella. La puerta de vidrio de nuestro refugio encubría
todas nuestras pasiones. Sin cruzar palabra alguna cumplíamos
los debidos oficios amorosos, que se repetían diariamente
desde hacía algún tiempo atrás con la misma
intensidad; a veces hasta de noche. La deseé. La amé.

Capítulo III

Cabello castaño claro largo lacio brillante…
Nariz respingada pequeña levantada delgada… Labios
finos salientes húmedos rosados… Ojos grandes café
oscuro cristalinos vivarachos… Cejas sencillas arregladas
definidas… Cuerpo frágil sensual firme elegante tentador…
Recorría su piel por los más recónditos rincones,
aquellos que únicamente compartía conmigo. Nos revolcábamos
en la humedad de nuestros cuerpos sucios de deseo. Nos entregábamos
descaradamente al goce del contacto. Escurríamos de calentura
ante tanto placer. Durábamos minutos derramando fantasías.
Maravilloso.

Capítulo IV

De un día para otro lo nuestro terminó.
¡Me dejó! Y para más ‘piedra’,
tengo que compartir con su nuevo amante el que antes fue mi puesto.
Literalmente, me hizo a un lado. Cedí mi espacio para ver
con mis propios ojos cómo comenzaba su aventura de moderno
Casanova. Pensé que iba a trabajar para alguien más,
pero no fue así. Lo contrató en exclusiva como su
practicante para la nueva temporada. Ya no le bastaba: ¡quería
otras cosas más! Le di todo lo que tenía hasta deshacerme
de amor. Nada pude hacer.

Capítulo V

¡Tan perfumado el cretino ese! Juraba que
era el único que la había conquistado. Semejante
mujer tan indecisa, por no decir otra cosa. Yo fui otra de sus
pruebas y nada más. Cínica: ¡por qué
no me botó de una sola vez! Ahora es el turno del fulano
de nombre sugestivo. ¿Qué se creerá? Pues
bueno: ¡que lo disfrute mientras dure! Igual, yo hice y
deshice la rutina que cualquier par de amantes pueden inventarse.
Todo estaba hecho.

Capítulo VI

Vuelvo a verla cuando entra a nuestro enajenado
recinto a cumplir con su hábito. La desfachatez de ambos
no tiene límites: se miran, se tocan, se huelen. No se
sabe quién goza más manoseándose. Ella le
roba hasta el aroma de su cuerpo, y él le quita todo para
dejarla más desnuda de lo que puede quedar. Cuando cumple
su misión, satisfecho, vuelve a mi lado para fanfarronear
de sus libidinosas proezas. Él no sabe que yo también,
y quién sabe cuántos más, pasaron por las
manos de su amada. Ingenuo.

Capítulo VII

Al tipo le dije socarronamente que mi corazón
tenía otra dueña y que me iría entre sus
brazos. ¡Ja! ¡Pobre mentecato! De alguna manera me
tenía que desquitar: no le dije nada, ni una sola palabra
de lo que le va a pasar. ¡Lo mismo que a mí! Mi silencio
era mi alegría y su dolor ¡Que sufra como estoy sufriendo
ahora! Masoquista o no, añoraba cada gota de sus pasiones
para salpicar los celos que me consumen y me derriten por dentro
y por fuera. Es lo único que me ayudó a morir lentamente.
Por fortuna así fue.

Fin

Falta poco para irme. Me queda el infinitesimal
instante de tiempo que dura en reventar una burbuja. ¡Mi
desamor terminará! Prefiero morir súbitamente antes
que seguir viendo cómo se acarician frente a mí.
¡No aguanto más esto! ¡Mi vida va a estallar!
Ella me manipuló cuanto quiso… Lo hizo… Y no
sólo por el simple hecho de ser un jab… ¡Poufh!

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