En búsqueda de la paz

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En búsqueda de la paz

 

 

Reconcíliate contigo mismo

 

La felicidad no es un mito, en verdad existe. Si dices que no la conoces probablemente sea porque no la re-conoces. Dios, el destino, el mundo… quieren que seamos felices. No hemos sido arrojados a un mundo inclemente donde sea privilegio de pocos.

No, y todos estamos en plena capacidad. El mito está, más bien, en lo que interpretamos como tal. El físico, las relaciones y el dinero son privilegios, pero ¿hasta dónde realmente nos brindan felicidad?

Debajo de tu hermoso rostro, de tus músculos, de la ropa más cara que encontraste; al llegar a tu mansión en un lujoso auto, después de dejar en su casa a la (al) súper modelo que tienes como pareja ¿qué queda?… ¡Hombre, quedas tú! Y ahí, en lo más aparentemente sencillo, está todo por lo que la vida vale o no vale.

Ni los miedos, ni los rencores, ni las frustraciones (entre muchos otros sentimientos negativos) se van de ti, a menos que los enfrentes y acabes. No desaparecen en la rumba, ni drogándote, ni en los “likes” de tus redes sociales. Lo que te hace sufrir, lo que piensas y  lo que te hierve la sangre, lo hará toda tu vida, si lo dejas.

Sí, por eso a pesar de tus privilegios, constantemente te cargas de ansiedad e incluso lloras cuando nadie te ve; porque hay saldos que tienes pendientes y con nadie más que contigo, con tu propia paz. Eso es lo que te debes y lo vas a conseguir para, por fin, liberarte.

Lo primero es que pienses claro. Así no lo creas, no eres ni la primera, ni la última persona que tiene vivencias que le llenan el alma de una energía realmente turbia. No, pero sí puedes ser uno de los pocos que logra exterminarla.

Ahora, vas a cerrar los ojos y en modo de introspección, recuerda exactamente qué momentos de tu vida y qué situaciones son las que te atormentan. Y lo más importante: ¿por qué te duele? ¿Qué parte de ti sufre? De esta manera, te vas a hacer un favor para siempre: vas a aprender a conocerte poco a poco, a identificar tu fuerza y tu debilidad. Y eso es algo que podrás hacer cada vez que sientas que algo te desestabiliza.

Cuando logres estar en plena consciencia de lo que te pasa y del por qué, entonces todo se irá minimizando en tu cabeza. El secreto está en nunca creer en la injusticia del destino. Sea lo que sea que hayas vivido, siempre (y quiero decir, siempre) te está librando de algo peor y no pasaría, créelo, si no fuera completamente necesario.

Otra cosa, si eres tan fuerte como para llegar hasta acá, es porque puedes con el resto. No es una frase de cajón que “lo que no te mata, te hace más fuerte” ¡Pues bien, no estás muerto! Si no has enloquecido hasta ahora, es porque evidentemente tienes la capacidad de sobrepasarlo.

Entonces, las situaciones que te llevaron hasta ahí e incluso las personas que te hicieron mal, no han sido más que instrumentos para que hoy, al leer este artículo, seas de las personas valientes que disfrutan la vida con todo y las pesadillas que a veces incluye.

Sufrir es natural, obvio, porque somos seres emocionales. Y a veces sólo se gana, se cambia y se aprende de verdad, sufriendo. Mira atrás y piensa: ¿quién eras? ¿Cómo eras antes de que pasara la tormenta?

¿Verdad que ahora sabes mucho más de la vida? Ahora puedes ver que no tiene sentido sufrir de más por lecciones ya aprendidas. Reconcíliate contigo y con la vida y sé feliz porque te lo mereces.

 

 

Autor: Lorena Arana
Twitter: @AranitaArepita
LORENA ARANA

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