Excesos, tweets, palabrería y pereza: Mediocridad hecha noticia

Excesos, tweets, palabrería y pereza: Mediocridad hecha noticia

Mediocridad hecha noticia

 

 “Un fantasma recorre los consejos de redacción, el fantasma del facilismo”.

Esto podría ser la línea inicial de los nuevos libros sobre periodismo, o lo que muchos llaman periodismo, porque para ser sinceros uno ya no sabe si la noble profesión (aunque muchos dicen que es un oficio) es una cacería de videos de cámaras de seguridad, de tuits o la copia de comunicados de prensa los cuales, pocas veces dicen cosas definitivas.

El avance tan vertiginoso de la tecnología y su influencia en los medios de comunicación ha disipado la gracia de la entrevista, de la investigación, del hambre por lo que muchos esperan sea la verdad; muy pocos medios hoy en día hacen una entrevista que dure más de 30 minutos, como se veía en los años 90, y si la hay no es de temas transcendentales, hoy las entrevistas son hechas por los reporteros de farándula, donde lo único que desean saber es si el personaje es digno de ser idolatrado o es el perfecto “conejillo de indias” para ser crucificado.

El periodismo está enfermo de pereza, de afanes, de acciones para subir popularidad, hasta de pornografía. Sus médicos tratantes son los que uno llama, la vieja escuela, los que desean ver de nuevo en escena a personajes como Gay Talese, Gabriel García Márquez, Guillermo Cano, entre otros. Pero la mayoría de los internos del mismo hospital donde está internado bajo cuidados paliativos el enfermo, quieren tratarlo con dosis de Kim Kardashian, Maluma, Justin Bieber, El Rubius, el six pack de Cristiano Ronaldo los tuits de un político hacia otro, muchos desnudos y exceso de goles.

No digo que estos medicamentos no sirvan, pero para un cáncer tan invasivo, donde la metástasis está llegando al cerebro del prosumidor, es necesario una quimio o radio terapia de alta densidad para lograr luego extirpar con una cirugía muy peligrosa el tumor más grande: el facilismo.

Aunque es entendible que estos fenómenos son lo actual, lo que enganchan, lo que da clicks en los portales multimedia de los medios, creo que es mejor levantarse de la silla de la oficina, tomar la grabadora, o si se tiene una cámara y salir a donde la noticia está sucediendo y no esperar a que alguien llame a la redacción diciendo que tiene video de cámaras de seguridad o de un celular.

Pero ¿por qué se infectó de facilismo el ser más saludable del poder democrático? ¿Por qué? ¿Dónde quedaron los grandes foto-reportajes de Robert Capa, las crónicas de Carlos Fuentes, las transmisiones en vivo (sin censura) de los hechos que cambian la vida de la personas?  ¿Dónde?

Yo mismo responderé esa pregunta, temiendo ser fatalista: en las bibliotecas, en esos lugares donde la gente va y se toma un autorretrato y escribe “estudiando ando”, allá, donde los que están los libros, esos amigos de los que nacíamos antes de la ola tecnológica debíamos cargar, oler y procurar no dañar.

Esto no es una apología al no uso de la internet en el periodismo, no: es una invitación a saber usar la red, a no quedarse sentado frente al computador y salir a buscar las cosas, hacerlas de corazón y después si “subirlas” a la nube.

Evitemos que el cáncer nos invada y nos limitemos a dar un retuit o un me gusta para así decir que estamos informados.

 

Autor: Jerson Romero
Twitter: @MeLlamanJerson

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