Frenar para admirar

Frenar para admirar

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Imagen tomada de: http://www.lewiscarroll.org/

 

Todo hoy en día, no sé por qué, tenemos que ejecutarlo velozmente: levantarnos, bañarnos, desayunar; viajar en tiempo record a nuestro destino.  Trabajar a toda marcha para poder cumplir con metas y objetivos personales y/o laborales, almorzar en el menor tiempo posible por la cantidad de asuntos que tenemos pendientes; viajar hacia la casa para llegar lo más rápido posible y sumergirnos en nuestra vida familiar, o bien sea, en redes sociales, más trabajo, juegos de video, televisión, pasatiempos o algo en lo que podamos continuar ocupados a toda marcha.  Dormir y repetir el ciclo nuevamente. A veces parece que participamos en un concurso, mientras un ser supremo mide el tiempo de ejecución de nuestras tareas.

Estar ocupados “Hacer, lo que sea, no importa, sin parar”, parece ser un mantra que aplicamos de manera inconsciente.  Yo me pregunto ¿En qué momento nos detenemos  a admirar la vida?  ¿En qué momento somos conscientes de lo afortunados que somos al estar vivos?  ¿Cuándo estamos realmente presentes?

Somos entonces, creo yo, facetas parciales de nuestra identidad: El que trabaja, el que estudia, la pareja, el hijo, el padre, el amante, el desequilibrado; pero no tenemos tiempo para reunirlas todas en un único instante y lograr que lleguen a un acuerdo que nos permita estar en paz.

Nos falta frenar, desacelerar, pero sobre todo nos hace falta  admirar, a ese vendedor ambulante que nos ofrece un producto en 500 y tres en mil, al estudiante que mira a través de la ventana del bus, con audífonos en sus orejas, quien sabe perdido en qué tipo de pensamientos, a la madre  y su hijo pequeño que caminan cogidos de la mano, el trabajo meticuloso de la señora de los tintos, el amor en el beso que se da una pareja, la rabia contenida en un madrazo, el contraste de colores entre el cemento y la naturaleza, un cielo anaranjado, que parece en llamas, al caer la tarde, la desesperación contenida en un llanto, el mendigo que camina con el costal al hombro arrastrando los pies.  Admirarlo todo, lo que nos guste y también lo que nos confronte. Eso nos hace falta.

 

“(Mi querido Hans, los lugares cambian constantemente,  ¿No has notado

las ramas, el rio?) Nadie nota esas cosas organillero, todos van caminando

por ahí sin ver, se acostumbran, a sus casas, sus trabajos, a sus seres amados,

y al final se convencen de que esa es su vida, que no puede existir otra;    

es solo un hábito.”

– Andrés Neuman, el viajero del siglo

 

Escrito por Juan Manuel Rodríguez  @Vieleicht

 

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