Gente extraordinaria: Los héroes sí existen

Gente extraordinaria: Los héroes sí existen

Los héroes sí existen

Soy fan de muchas cosas. En serio, a mi Facebook le consta. Soy fan de lugares, personajes, programas de televisión, películas, campañas, etc.

Arjona, P!nk, Avril Lavigne, Bebe… mis exóticos gustos musicales, que a veces incluso me avergüenzan un poco por mi apariencia supuestamente “ruda” o “rockera”, están ahí, sacando a relucir mi sensibilidad poco comprendida: como cuando no me aguanté las ganas de llorar en un concierto y debido a eso, mis amigos se burlaron de mí por un largo tiempo, o como cuando una vez hice ir a un vendedor de una discotienda hasta mi casa para que me entregara un CD de P!nk personalmente, puesto que era muy pequeña para ir sola a comprarlo… así soy de débil a veces.

Pero hoy no vengo a confesar mis historias de “groupie”, pues hay mucho más en la vida que ser fanática de un cantante que no tiene idea de nuestra existencia. Mi verdadero fanatismo es por las buenas personas.

En este mundo hay de todo y en ocasiones es fácil enfocarse en lo malo, pero cuando volteamos la mirada, ¿qué vemos?

Yo me declaro fanática, por ejemplo, de unas niñas que conozco. En realidad, ya están entre sus veintes y sus treintas, pero todo el mundo les dice “las niñas”. Crecieron en medio de una historia familiar agridulce, de momentos buenos y malos, pero hoy es fácil verlas sonreírle a todo aquel que se les acerca, les aporta algo o quiere entrar en sus vidas.

Claramente, si soy fan de ellas, pues algún talento especial deben tener. Claro que sí, aparte de sencillas, nobles y buenas personas, dos de ellas son músicas ¡y bien ‘calidosas’!, como dicen por ahí. Una es guitarrista y enseña en un colegio bilingüe. Otra, toca clarinete y fue capaz de irse sola a otra ciudad por varios años sólo por el amor que sale de ella cuando sopla a través de ese tubo negro y mágico que deja salir hermosos sonidos.

La mayor de ellas, puesto que son hermanas, es médica. Una mujer trabajadora, que día a día se esfuerza por su familia y que a pesar de las necesidades que pueden surgir en una casa con dos niños, tres adultos y un perro bello y gigante, ha tenido tiempo y voluntad para visitar y entregar un poco de sí a comunidades indígenas vulnerables de nuestro país.

Pensándolo bien, ellas son como tres valiosas heroínas, cada una con sus fortalezas y debilidades; cada una con su linda historia de vida y sobre todo, con esa alegría que invade mi casa cada vez que cruzan la puerta… pues ellas son nada más y nada menos que mis primas: “las niñas”.

Estamos rodeados de personas inspiradoras. Ellas, que son amantes del arte; aquella señora que ya en sus sesentas, vive y muere por los humedales de su barrio: mi madre; y aquel viejito tierno que batalló contra el cáncer con la fuerza de un gladiador de 30 años: mi padre (Q.E.P.D.).

Para ser fan de alguien, no hace falta verlo en televisión, sino quizá ir a su habitación o cruzar la calle para visitarlo. Nuestros verdaderos ídolos pueden estar ignorados a pocos metros de distancia, con más para ofrecernos que un simple autógrafo.

Así que vale la pena mirar alrededor con ojo crítico y pensar: realmente ¿de quién son fan?

 

Autor: Lorena Arana
Twitter: @AranitaArepita

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