Gore Vidal: El primo de Al

Gore Vidal: El primo de Al

Relegado por la edad a la mera teoría, estoy leyendo libros de sexo; entre ellos dos de Gore Vidal: ‘Sexualmente hablando’ y ‘Una memoria’. Bello, rico, de familia de políticos (su padre fue senador y su primo Al Gore fue el ‘vice’ de Clinton), talentoso y homosexual confeso, Gore Vidal es uno de los más destacados escritores americanos contemporáneos. También el más agudo crítico de esa sociedad puritana y morronga. Él es a la moral americana lo que Noam Chomsky a su política exterior.

‘Sexualmente hablando’ es un estudio de la sexualidad desde Babilonia hasta Washington. Ahí me enteré que el hombre es el único animal que debe aprender a aparearse; que en  Babilonia se practicaba la ‘prostitución sagrada’, una costumbre que obligaba a toda mujer respetable a vender su cuerpo por lo menos una vez al año en el templo al primer peregrino que estuviera dispuesto a pagarle; que en Siglo VI Justiniano descubrió que la sodomía era la principal causa de los terremotos, y el homosexualismo quedó proscrito en el imperio romano; que el odio contra las mujeres que exhalan Las Escrituras es, quizá, consecuencia de una vieja campaña política contra el matriarcado y contra una deidad primigenia adorada en todo el Oriente, la Gran Madre (la Diosa Blanca de Robert Graves); que los nazis ponían  un triángulo rosado en el pecho de los judíos homosexuales para diferenciarlos de los ‘heteros’, marcados con una estrella amarilla.

Asegura que ‘la persecución a los maricones es sólo un caso particular del inveterado acoso de la sociedad americana a todas las minorías’; que en una fi esta el dramaturgo Tennesse  Williams se quedó mirando fijo el bien formado trasero del senador Jack Kennedy hasta que Gore, adivinando sus pensamientos, lo atajó: ‘Ni lo pienses, Ten, ¡es el futuro  Presidente de la Unión!’; que el 97% de los varones americanos creen que la mujer orina y hace el amor por el mismo conducto (a mí me sorprendieron, lo confieso, ambos datos: el estadístico y el fisiológico); que salvo dos grupos pequeños, los ‘heteros’ puros y los ‘homo’ recalcitrantes, la humanidad pertenece a la ‘media dorada’, es decir, al  bisexualismo.

El otro libro es una autobiografía, un género muy difícil. ¿Cómo mantener el equilibrio cuando la materia del libro es uno mismo? ¿Cómo amarrarle las alas a la vanidad para no  parecer un pavo real ‘un Camilo José Cela, digamos’, sin apocarse hasta el punto de quedar convertido en un Gregorio Samsa? Gore Vidal tampoco conoce la humildad, pero sabe escribir. En la página 15 nos muestra con su minucioso estilo cómo ‘Jackie [Kennedy] se subía el vestido y le enseñaba a mi hermana la manera de hacerse una irrigación después  del acto sexual, con un pie asentado dentro de la bañera y el otro provocativamente empinado y arqueado afuera, sobre el piso de mármol’.

En la página 92 encuentro este bocado: ‘Uno de mis compañeros de clase en el St. Albans era hijo del embajador de Colombia en Estados Unidos. Se llamaba Alfonso López  Michelsen y sería con el tiempo presidente de esa nación. Teníamos unos 12 años. Él fue el primero del grupo que tuvo vello púbico. Sangre latina, observamos con tono crítico de  pequeños sajones. No volví a verlo después de la escuela’.

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