Haciendo plata en la U

Haciendo plata en la U

Foto: Angélica Cardozo - El Clavo

“Por falta de plata”. Es el argumento de un solo estudiante, pero define la motivación de todos aquellos universitarios que ‘se la rebuscan’. El noticiero dice que la economía nacional crece, pero ignoro si ese dato tenga en cuenta a los jóvenes que, por los pasillos de las universidades, venden desde gomitas, pasando por cigarrillos, hasta software pirata.

En esta ocasión, y no se debería en ninguna, no se puede generalizar. En las universidades públicas el rebusque se da porque los horarios de las clases no coinciden con los de las empresas, lo que hace muy difícil encontrar un empleo; bueno, esa es la última de las razones. “Esa fue la idea, comenzar a vender, para por lo menos hacerme lo del diario”, comenta Jenny de Univalle. Teniendo en cuenta que la mayor parte de sus estudiantes pertenecen al estrato 2 y 3, varios tienen dificultades económicas (no tener para el pasaje, el almuerzo, las fotocopias) y por ello deciden montar un negocio al interior de la U, agregándole a eso la ventaja de camellar en el lugar en que estudian.

Lo más vendido son los minutos, todos quieren llamar pero nadie tiene pa’l plan y la tarjeta prepago sale muy cara, así que los minutos a $200 es el servicio más demandado en la U pública. Le siguen las peli’s, las impresiones de trabajos escritos, los juegos para PC, los conos a la salida de la cafetería y el mecato en cajas de herramientas Rimax. Las directivas estuvieron en desacuerdo desde el principio, y los vigilantes levantaban a los estudiantes de sus improvisados puestos, pero es imposible negar la realidad socioeconómica de muchos de estos pelados, así que mientras no les puedan dar mejores condiciones de estudio, les tocará aguantarse el mercado persa. Mercado que reventará pues cada vez está más saturado.

La U privada es otro viaje, las ventas pertenecen a la intimidad del vendedor y el comprador, pues están prohibidas. “Eh, hola, mira es que vendo chocolates”. Ofrece Felipe, de la Javeriana, a unos compañeros en la cafetería, mientras les enseña los dulces que lleva en un recipiente pequeño en su maletín. De este lado hay una prohibición firme y explicita de las ventas. Santiago, de la misma universidad, comenta: “Ahorita que quitaron lo de los cigarrillos están aprovechando para venderlos”. Sí, en las privadas no venden cigarrillos, y en unas hay zonas específicas para fumadores, el caso es que la prohibición hace que la gente venda lo que el sistema no ofrece, el rebuscador es como Neo, luchando contra la Matrix. “Sí, Banana Republic, Abercrombie & fitch, Hollister Co”, dice Juan, de la ICESI, mientras enseña un catálogo hecho por él mismo. La matrix caleña tampoco es muy amplia en marcas, así que aquellos estudiantes, con familiares en el exterior, aprovechan para vender ropa que les mandan sus tías o papás que un día se fueron a rebuscar a otras tierras.

También es una cuestión de plata extra. “El que se pone a vender es porque necesita plata […] sirve para cosas de la u como para cosas de afuera”, explica Juliana de la Autónoma.
Que se ve fea la U, que la U no debe ser un lugar para que la gente saque provecho económico de ella, que los de los locales pagan millones de arriendo, que no tiene nada de malo; dicen y dicen y al rebuscador le da igual. Ser estudiante tiene ciertas limitaciones monetarias y nuestro ingenio innato no nos deja morir; por mi parte, yo seguiré saltando la prohibición y les seguiré comprando.

http://elclavo.com/publicaciones/la-legalizacion-del-cigarrillo/

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