Hanna, la germana, es ahora colombiana

Hanna, la germana, es ahora colombiana

hanna la germana

“Todo nace diciendo hola y termina con un adiós. Los sueños, los amigos, la vida y el amor”.

Palabras que definen la existencia y la conducta humana. Siempre nos movemos; llegamos o nos vamos. La historia de la humanidad inicia con el acto de la migración, que es considerada la acción más antigua contra la pobreza.

Los primeros pobladores la pusieron de moda y aprovecharon los estados del agua para cruzar el estrecho de Bering, dejando atrás hogares y tierras primordiales. Actualmente tenemos ciudades y llamamos a un lugar fijo; “casa”. Los ancestros nos heredaron su conducta y por eso, a pesar de todo, nos gusta viajar, cambiar de latitud y hasta de altitud. Está en nuestros genes, en nuestras invisibles alas de ave.

Escribo este artículo mientras viajo por tren. Después de un divertido fin de semana en la Cumbre, un acogedor pueblo del Valle del Cauca. Regreso a mi Cali, bella y luminosa.

Se calcula que en las últimas décadas han emigrado más de 200 millones de personas por multiplex razones.

El tren vibra…imagino sus ruedas en movimiento sobre los rieles. Miro por la ventanilla el paisaje y veo: ¡Es Hanna!

Saco la cabeza y grito: ¡Hanna! No escucha y sigue caminando con su maletín de excursión a la espalda. La conocí en el pueblo. Conversar con ella es muy agradable, parece tener todo el mundo en su cabeza. Habla alemán, inglés y español. Es una bella joven acostumbrada a viajar. Le rinde culto al Rock and Roll y le gusta la música de unos chicos rockeros caleños llamados: Chernobyl Rock Band. Es noctambula y fanática del cine colombiano.

Se queja de Cristóbal Colon y demás conquistadores que descubrieron a América. Asegura que fue una invasión, un crimen de lesa humanidad, un saqueo desmedido de nuestros tesoros. Le agrada saber que muchos latinos han emigrado a países europeos buscando una mejor vida, lo logran y recuperan así parte de nuestro preciado Dorado.

Graciosamente dice: “Colón vino a llevarse nuestro oro… ahora van los colombianos a recuperarlo y en euros ¡para que afinen!”. Cuenta que la gente de los altos países europeos creen que los latinos vivimos en la extrema pobreza, en un total atraso y que aún dormimos en chozas.

Hanna tenía cinco años cuando su padre se fue a España dejándolas a ella y a su madre con la promesa, “Que mandaría por ellas”. Pero no fue así. Además, se consiguió otra mujer.

Un turista alemán se enamoró de su mamá, se casaron y se las llevo a las dos para Alemania. Cree que ese viaje a sus ocho años fue traumático, no recuerda mucho. Para Hanna Colombia es un país nuevo y desconocido, también su padre.

Dejo su país adoptivo para conocerlo a él y a su verdadera patria de la que dice; fue raptada hace veintidós años por un conquistador alemán… por cierto, muy adinerado.

Lleva seis meses en nuestro país y siente que Colombia le ha robado el corazón, que su hogar natal y espera no irse nunca. Los Nórticos, como le llama ella a los Europeos… están equivocados, dice… “qué atraso ni que nada,  América Latina es el Paraíso… y de ñapa, les montamos Papa Latino”.

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