Héroes

Héroes

Fernando Gómez Echeverri - Edidtor Donjuan y Bocas - Columnista invitado 69

Hubo una época en la que todos queríamos ser Rimbaud. El nihilismo era nuestra marca; nos matábamos por beber licores como metal ardiente y por estar parados al borde del abismo. Nuestros héroes eran poetas o estrellas de rock; la muerte de Kurt Cobain marcó mi generación, y mucho antes, en los años 70, ser punk y morir destrozado como Sid Vicius –no sin antes haber asesinado a su novia a puñaladas– era el destino de los verdaderos héroes; hoy –como lo señaló el escritor venezolano Boris Izaguirre en la edición española de la revista Vanity Fair– los héroes no consumen heroína ni se exceden en la noche: solamente sudan. Nuestros héroes son deportistas.

Los viejos titanes del rock, como Jim Morrison, Jimmy Hendrix o Janis Joplin, todavía son venerados como santos, pero en el velorio de Amy Winehouse solo había miradas de tristeza y de reproche. Joven, rica, talentosa y arruinada por la droga. El lema no es morir joven para tener un cadáver hermoso: es obvio que el cadáver de Winehouse era feo, apestoso y decadente. En estos días, sólo los Rolling Stones pueden presumir de seguir rodando, pero ellos son harina de otro costal.

El lema de estos tiempos tiene que ver con trotar 10 kilómetros diarios, comer frutas y verduras y no excederse con las carnes rojas, para ser un viejo menos arrugado que Mick Jagger y no tener que gastar fortunas en desintoxicaciones como Keith Richards, además… ¿quién gana lo que ganan los Rolling Stones? O mejor: ¿quién tiene su metabolismo? 50 años de drogas y tragos y tan campantes, desde el punto de vista de la ciencia, sólo hay una explicación: queman muchas calorías en cada concierto. Son atletas del rock.

Los dramas de nuestros nuevos héroes son las lesiones y el sacrificio exagerado para ser número uno en lo que hacen; su imagen está en todas partes, en un club de tenis, la raqueta Babolat de Nadal es la espada de la mayoría de niños; el Atlético de Madrid –gracias a Falcao– nunca tuvo tantos hinchas en Colombia como ahora.

No sé si está bien o mal, pero hace rato que deseché la idea de morir como un poeta zarrapastroso y mutilado en el Sahara, me quedo con la imagen del escritor japonés Haruki Murakami y su pasión por las maratones, y cada vez que veo a alguien con un cigarrillo entre los dedos le digo: “eso ya no se usa”.

 

Autor: Fernando Gómez

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