In-dependencia

In-dependencia

uribe_independenciaLa violencia salida de madre en esta remota provincia del imperio ha hecho que la mayoría de la población clame a sus gobiernos por una mayor estabilidad. Y para lograr dicha estabilidad, los pueblos han preferido la mano dura y el unilateralismo por encima del multilateralismo. O al menos esto es lo que parece indicar la enorme popularidad de la que aún goza Álvaro Uribe en Colombia.
Esto en sí mismo no me parece grave, ya que en el pasado, ante situaciones parecidas, las civilizaciones han necesitado posturas similares. Lo que sí me parece muy preocupante es que en aras de la efectividad se busque concentrar todos los poderes en torno a una misma ideología. Obviamente, si el poder está en manos de quienes piensan igual, no hay que debatir ni buscar consensos, sino que se puede reaccionar rápidamente a los actos de los violentos y construir coherentemente para proteger la estabilidad de la sociedad. Con esto quiero aclarar (y evitar de paso que algún fanático entusiasta me mande a ‘los de la moto’), que muchas de las decisiones del presidente relacionadas con la seguridad, la economía y la promoción de la meritocracia me parecen necesarias para la situación actual.
Estoy de acuerdo con el qué , pero no con el cómo se quieren lograr las cosas. A veces me da la impresión de que nuestro gobernante se cree el dueño de la finca y a sus gobernados nos cree ovejas absolutamente dependientes de su buen juicio para ser protegidas de los lobos (a propósito, ¿será pura coincidencia que Uribe sea hacendado?).
Veamos, por ejemplo, el caso de los antiguos romanos, quienes aburridos de ser ovejas llevadas al matadero por el dueño de la finca, derrocaron a su rey etrusco y fundaron la República. Este fue uno de los primeros intentos perdurables por hacer que el poder no estuviera en manos de una sola persona o ideología, sino que estuviera repartido para minimizar la corrupción y los abusos. De esta manera, crearon instituciones para controlar, y en casos extremos para destituir, a los gobernantes considerados incompetentes o corruptos por sus conciudadanos sin recurrir a las armas .
Curiosamente, Uribe ha buscado desde que se posesionó peluquear esta institucionalidad que le pueda hacer contrapeso fusionando ministerios, intentando desmontar la Procuraduría, la Tutela o las Cortes. Es decir, diezmar los canales a través de los cuales podemos defendernos de medidas del Gobierno que podamos considerar inconvenientes.
Recordemos que algo parecido hizo Julio César, quien fue acabando paulatinamente con la República romana al apropiarse de todos los poderes para ejecutar lo más rápido posible su plan de gobierno, considerado por muchos como bueno y necesario en su momento (¿suena familiar?). Pero aún podemos aprender de lo que pasó cuando lo mataron: dejó las instituciones tan debilitadas y dependientes de la cabeza del Estado, que la sociedad romana quedó indefensa ante ‘joyitas’ como los emperadores Calígula y Nerón.
Volviendo al presente, ¿qué podemos hacer? Pienso que debemos fortalecer una institucionalidad en la que existan mecanismos perdurables para que los resultados no se deban sólo al “trabajar, trabajar y trabajar” personal del presidente sino a la articulación de los esfuerzos de todos los ciudadanos. Sólo así no tendremos que depender de que haya un Uribe cada cuatrienio pensando por nosotros qué es lo que más nos conviene.
Propongo entonces buscar la in-dependencia. Independencia de criterio para sospechar y disentir frente a lo que nos predican los fanáticos; independencia de acción para apoyar y emplear las instituciones que consideramos que funcionan; independencia para lograr, como sociedad civil organizada, que se gobierne teniendo en cuenta nuestra opinión y no sólo la del gobernante de turno, por convencido que él esté de que está haciendo lo correcto.
El peligro de no hacerlo está en que el dueño de la finca que, inadvertidamente, pueda estarnos guiando al despeñadero es tan mortal como el lobo del que dice protegernos.

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