Jesús no resucitó

Jesús no resucitó

jesús no resucitó

 

Querido lector: es muy probable que usted se haya indignado de primerazo con el titular de esta columna, pero déjeme decirle que no se trata de una diatriba contra el Hijo de Dios ni mucho menos contra el cristianismo. Es una reflexión que va más allá del fanatismo religioso.

Cuando yo era pequeño y aún estaba sumergido en el catolicismo heredado de mis padres, aprendí mucho sobre la vida de Jesús en las clases de catequesis. Con biblia en mano las profesoras sabatinas me enseñaron sobre la grandeza de este personaje cuya sabiduría estaba muy adelantada para su época y muy por encima de la política, la antropología y hasta la misma religión.

Para mí Jesús era un ser cuya divinidad no reposaba en su título conferido por el Cielo, sino por la visión que tenía de la realidad; una visión que muy pocos han entendido desde entonces.

Jesús pudo haber sido un gran líder mundial. Pudo haber conquistado miles de tierras y haber erigido un imperio con sólo haberlo deseado. Sus seguidores de la época habrían hecho lo que él les hubiese pedido, como por ejemplo rebelarse y acabar con la tiranía del Imperio Romano de una vez por todas, pero no. Jesús profesaba que lo más importante era el amor. Que el odio no conduce a ningún lugar y que nada justifica arrebatarle la vida a otra persona.

Llegó entonces el Sacrificio y el mensaje no pudo haber sido más claro: “ámense los unos a los otros”. Jesús resucitó al tercer día y sólo pidió que se difundiera esa sencilla enseñanza. Pero quién lo creyera, su sabiduría fue tergiversada y adaptada a las necesidades de algunos infames que han restringido eso del “amor de Dios” sólo para unos cuantos. El “amor” se convirtió en “castigo”.

El Hijo de Dios, según la Historia, murió por nuestros pecados; se sacrificó para que tuviésemos la oportunidad de obtener la salvación. Pero creo que al final eso no fue lo verdaderamente esencial en la misión de Jesús: él quería enseñar que hay otra forma de vivir y de percibir la realidad. De nada sirve aceptarlo como el Gran Salvador si jamás intentamos emular su ejemplo.

Jesús sabía que la vida era lo más sagrado y que había que respetarla a toda costa. En cada una de sus parábolas hablaba del perdón, de poner la otra mejilla cuando nos ofendieran; de entender que todos somos distintos pero que en el fondo somos la misma cosa. Tolerar, respetar, ayudar… ¿se acuerda de eso amigo lector?

Esto no se trata de ser cristiano o no, si quitamos la pomposidad de los ritos y de las tradiciones, hallaremos la verdadera esencia de lo que Jesús fue en vida. Es hora de encontrar lo realmente importante, aquello que trasciende al afán del éxito y el poder. Entender a Jesús es saber que por más que lo adoremos y le pongamos velas no vamos a lograr nada si no hay acciones concretas.

Sólo me queda decir que a pesar de que ya no soy católico y en cierta medida cristiano, sé que lo que Jesús hizo merece ser valorado, porque su filosofía encierra mucho de verdad.

Por eso creo que hasta que no entendamos bien lo que quiso decirnos, no podremos decir que él ha resucitado… de hecho, creo más bien que lo hemos dejado morir.

 

 

Autor: Luis Gaviria
Twitter: @luisgaviria226
luis gaviria

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