Joseph Anton o narrarse en tercera persona

Joseph Anton o narrarse en tercera persona

 

 

La vida de cada uno de nosotros, lo que nos ocurre día a día merece ser narrado, a pesar de que creamos que nuestras experiencias son muy sencillas o mundanas y que no vale la pena registrarlas y compartirlas de alguna manera.

Nuestras memorias, si nos pusiéramos en la tarea de escribirlas, seguro resonarían en alguien que se sentirá identificado con ellas por una u otra razón; claro está que hay personas a quienes les ocurren cosas que tal vez nunca vamos a vivir, lo que hace que su vida, al ser narrada, despierte un mayor interés.

Solo por poner un ejemplo, es poco probable que hagamos algo que despierte la ira de un ayatolá musulmán, y que este nos condene a muerte.

Eso fue lo que le ocurrió al escritor hindú, luego británico y ahora estado unidense, Salman Rushdie, quien luego de la publicación de Los Versos Satánicos, recibió tal sentencia por parte del líder religioso y político de Irán, Ayatolá Jomeini, quien consideró que la novela iba en contra del islam, el profeta y el Corán.

En el memoir titulado Joseph Anton, el alias que fue forzado a adoptar durante la década que permaneció oculto, y que seleccionó por el gusto y aprecio que siente hacia los escritores Joseph Conrad y sus novelas de espías, pues, de un momento a otro, se vio envuelto en ese mundo, y el ruso Antón Chejov, quien considera, sabía retratar la soledad.

En el libro Rushdie cuenta detalles acerca de la condena, diferentes episodios de su vida, de que trata escribir para él y el significado de toda su obra.

En una conversación con el escritor colombiano Juan Gabriel Vásquez, Rushdie contó que narró la vida de este personaje o, más bien, se narró en tercera persona, pues cuando comenzó a escribir el libro en la primera, no le gusto y le pareció un ejercicio algo narciso. También contó que los lectores experimentan el yo diferente en las biografías, y que de todas maneras no deja de existir cierta distancia entre Salman Rushdie y Joseph Anton.

El libro comienza con el incidente crítico de su vida, cuando el 14 de febrero de 1989, en pleno San Valentín, Jomeini le anunció al mundo entero la sentencia a muerte, junto con la de todos los involucrados en la publicación. “Pido a todos los musulmanes que los ejecuten allí donde los encuentren” era parte de ese comunicado cargado de odio e incomprensible para Rushdie, quien alegó que habían interpretado mal su obra.

“Ahora, poniéndose nombre a sí mismo se había convertido también él en una especie de personaje ficticio. “Conrad Chéjov” no habría servido. Pero Joseph Anton era alguien que podía existir.”

— Joseph Anton —

Autor: Juan Manuel Rodríguez Bocanegra

@Vieleicht

 

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