Juventud sin oportunidades

Cuando los jóvenes nos graduamos de la universidad, la primera meta que  nos trazamos es la de conseguir trabajo en la profesión que estudiamos. Con entusiasmo, y con el diploma bajo el brazo, repartimos un sinnúmero de hojas de vida con la esperanza de realizarnos laboralmente y cumplir, de paso,  nuestros sueños. Pero tristemente, y con enorme frustración, nos  damos cuenta que  el esfuerzo en la universidad o instituto de nada valió, pues para poder competir en el campo laboral, o para ejercer medianamente lo que estudiamos, debemos recurrir a aquel  elemento estrella que nos ayudará a salir de la “inmunda”: “La Palanca”.
Por ejemplo, para poder conseguir lo que tengo, he tenido que recurrir a la vieja táctica de cobrar favores pendientes y a utilizar la desagradable cadena de contactos: “el primo del amigo de mi cuñado que es gerente de la compañía X, me puede recibir el currículo”. Es muy lamentable que muchos jóvenes profesionales estén desperdiciando sus talentos a causa de las llamadas “roscas” o “palancas”, que a la hora de la verdad lo que fomentan es la mediocridad laboral en muchas empresas; debido a que los empleadores por hacer “favores”, escogen a personas que no merecen estar en los cargos a los que aspiraron, dejando por fuera a quienes quizá sí  merecían ocupar esos puestos.
Lo peor del asunto es que no sólo debemos utilizar a nuestras “palancas” para conseguir trabajo, sino que también lo debemos hacer hasta para acceder a nuestros derechos fundamentales: salud, educación, vivienda, etc. Esta es una muestra de lo poco democrática que es la sociedad colombiana, en especial con la juventud que pide a gritos su espacio en la misma. Los jóvenes pedimos respeto, igualdad de oportunidades, mayor inclusión social; pero sobre todo, credibilidad hacia lo que hacemos y hacia lo que somos.

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