LA CRÓNICA :

Eran  las diez de  la mañana   cuando arribo  al Edificio  Tulio Ramírez de la Universidad  del Valle  para  preguntar  sobre la conferencia  acerca de  la crónica, de la cual se haría   cargo  Alberto  Salcedo  Ramos. Al parecer  llegué  media hora antes según los organizadores, así  que  decidí hacer  un recorrido por otros espacios    mientras se daba inicio a  la charla. Ese instante  fue aprovechado  para  adquirir  un libro en promoción que la verdad  no vale al caso  mencionar, lo importante  fue que  al regresar  al auditorio  Alberto  estaba  radiante con su guayabera blanca que le otorgaban un aspecto  de iluminado, como  de  esos sabios que van de pueblo en pueblo profetizando su  gran conocimiento,  después de  reconocerme, me  recibió con  un  caluroso  apretón de  manos y en seguida  ingresamos al recinto.

La sorpresa  fue  que en la mesa  de  panelistas  no sólo se  encontraba el majestuoso cronista colaborador de la revista SOHO,  igualmente  lo acompañaban la periodista  Patricia Lara y los docentes  de la Facultad de Comunicación  Social del Alma Máter, Alejandro Ulloa y Alejandro José  López, quien fungía las veces de moderador. Apenas  se  dio inicio a  la presentación  de los oradores, Alberto  señaló    con su  dedo índice una parte del  techo del auditorio de donde salió  una pequeña  nube de  humo al tiempo que el  ambiente  se contaminó de un penetrante olor a quemado. El evento se aplazó  quince minutos  mientras los técnicos  solucionaron el impase, que no pasó de  ser un daño de una de las lámparas.

Por fin  se  le pudo dar inicio a la  conferencia, como buenos  caballeros, quien  tomó  la palabra   fue Patricia que se refirió en una manera  muy concisa a la relación  que se da  entre periodismo y literatura, citando a  grandes  maestros   como  García Márquez, Borges, Cortázar  Hemingway, entre  otros, que supieron  manejar  con gran talento  estos dos lenguajes. Posteriormente se cedió  el turno  para Alberto Salcedo Ramos, ponencia que  se denominó como: El oficio de contar  historias de no ficción, quien en quince minutos alcanzó a  sintetizar de una manera   magistral, el concepto del género periodístico de la crónica a  raíz de un texto delicioso del periodista  paisa  Juan José Hoyos. Y por último el docente  de la Universidad del Valle, Alejandro Ulloa, expresó  todas  las experiencias  que tuvo que vivir en  el proceso de  creación  de  su  libro acerca  de uno  de los futbolistas  más  importantes del país. Su propuesta  se presentó como: Sobre  héroes  y ficciones: crónicas  del viejo Willi. En ella  se planteó  como este maestro  pudo adentrarse en la vida  de Willington Ortiz, aquel hombre de Tumaco, que para  muchos fue uno de los jugadores del balompié nacional más destacado por encima  del Pibe  Valderrama y del mismo Tino Asprilla. Su relato se basó en todo su proceso de  investigación y los obstáculos que tuvo que enfrentar  este escritor a la hora de redactar  y compilar la montaña de información, para  ello  recurrió  a diversos recursos  como viajar hasta Tumaco  para  conversar con todos aquellos que conocieron al ídolo y la búsqueda  de un extenso archivo tanto de prensa como  de material audiovisual.

El evento  culminó y en mi cabeza  quedó  una conclusión, que ser cronista más que un cazador de noticias, es  ser capaz de  contar  una  historia que pueda  tocar las fibras  de quien la lea. Después de  despedirme de los conferencistas,  me entero que una marcha  indígena obstaculizó  el flujo vehicular, esa podría ser  una gran historia, pero  mi estomago me reclamó, ya que era la hora del  almuerzo, después  de  esperar , por suerte pude abordar un  bus que me llevó al lugar  de donde a punta  de teclear algunas letras le dio vida a una  nueva crónica. Gracias  a  ello podremos decir que este género  no ha muerto.

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