La Democracia según el mesías

La Democracia según el mesías

Nadie puede negar que Álvaro Uribe Vélez ha sido un buen líder. Un personaje que llegó a la Presidencia como independiente. Líder que surge como respuesta al descontento popular luego del fracasado proceso de paz con las FARC.

democraciaHombre con vocación de trabajo que ha generado confianza macroeconómica y ha permitido viajar por Colombia con cierta seguridad y que tiene intenciones de recuperar el monopolio de la fuerza. Personaje que utiliza un vocabulario entre popular e intelectual, ha generado más que nunca la necesidad del debate académico. Es humano, honesto, conservador, religioso, todo eso. Pero de ahí a decir que Uribe es el salvador de Colombia hay una nube muy alta de la que es necesario bajarse.

En Colombia, ya sea por cultura o por lo que sea, nos hemos acostumbrado a mirar las cosas en bloque. En bloque quiere decir que pensamos que todo está bien o todo está mal, y desde que Uribe se posesionó como Presidente nos hemos acostumbrado a decir que todo está bien. No tiene nada de malo creer en algo, pero sí tiene mucho de malo creer que todo lo que el Presidente hace está bien. Es más, aceptar que el Presidente se equivoca es ser capaces de admirarlo como humano. Por eso, sin importar si se cree o no, hay que decir que el Presidente ha cometido errores –muchos– en aras de su visión de democracia.

Primero, el Presidente ha creado el imaginario de que la guerrilla es el problema cuando la cosa es mucho más compleja. Por ejemplo, el archipiélago de San Andrés y Providencia no tiene guerrilla y sus problemas son similares a los de cualquier región del país: narcotráfico, corrupción, delincuencia, desempleo, hambre, problemas en educación y salud.

Segundo, la supuesta lucha contra la corrupción quedó en veremos. El primer zar anticorrupción renunció diciendo que no tenía los mecanismos de poder suficientes para atacar el problema.

Tercero, la necesidad de unas leyes represivas y de inteligencia para atacar a los grupos armados ha generado más víctimas que resultados. Ya todos saben la historia del supuesto guerrillero que luego de ser extraditado a los Estados Unidos fue encontrado inocente; o la detención masiva de campesinos de los cuales la mayoría no eran guerrilleros; y la desastrosa fumigación de cultivos que está acabando con la Sierra Nevada de Santa Marta, la cual conduce a los campesinos a tomar el desafortunado camino de las armas, y de paso generar un problema ambiental con efectos de largo plazo.

Cuarto, el ataque verbal a las organizaciones no gubernamentales ha provocado que muchas ayudas de tipo humanitario se hayan desviado hacia otros lugares en conflicto. La historia de los conflictos del mundo ha demostrado que las ONG y las fundaciones son un elemento indispensable para la cooperación en la resolución de conflictos –terrible atraso el que tenemos en ese sentido–.

Quinto, la compleja idea de la reelección es un ataque contra una constitución que si bien necesita ajustes, es el trabajo de años de debates, estudios y consensos nacionales.
Entendamos esto: democracia no es cambiar la Constitución cada vez que las encuestas de popularidad lo aprueben. Democracia no es mayoría. Democracia es el derecho a diferir, es el derecho a reconocer el conflicto. No es el pueblo quien decide. Democracia es la modestia de reconocer al otro así sus ideas sean contrarias a las mías. Democracia no es “estás conmigo o estás contra mí”.

Es una lástima que con el capital político que el presidente Uribe ostenta no estemos debatiendo sobre la ciencia y la competitividad; sobre las formas de enfrentar y afrontar el TLC; sobre desaparecer de una vez por todas ese cáncer llamado corrupción; sobre negociar con más firmeza las políticas de deuda externa, mostrándoles a las instituciones económicas internacionales que somos un país en conflicto y las formas de pago actuales son extenuantes; y porqué no, buscar un líder –los hay muchos y con ideologías similares– que represente al “uribismo” y que continué con su bandera en las próximas elecciones para presidente. Eso sí sería democracia, eso sí podría llamarse seguridad democrática.

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