La epidemia de la exposición

La epidemia de la exposición

exposicionDice cierto libro un poco simiesco, escrito por un fulano de tal llamado Nicolás Maquiavelo el siguiente consejo dirigido a la aburrida oligarquía palaciega de su tiempo: ”Divide y reinarás”, sabio consejo que como un huevo ha empollado sus crías en nuestras universidades. ¿Quiénes son esas crías? O mejor ¿dónde podemos encontrar sus nidos para sabotearlos?
La historia de estos empolladores de huevos empieza así: Al inicio de todo semestre, una rara enfermedad inoculada por las tediosas vacaciones se apodera de algunos entes que gustan modelar por los pasillos de la universidad sus hermosas escarapelas; dicha enfermedad hace que su vientre se hinche como un globo. Dentro de las aulas, ellos suelen a veces recitar nombres en orden alfabético mientras que su mano, ya sea derecha o izquierda, zigzaguea escribiendo por lo general un trazo. Estos entes se caracterizan también por llevar una lonchera a la cual denominan “portafolio”.
Los huevos que tienen en su vientre estos entes nacen a la primera o máximo segunda semana de clase; al abrirse el huevo aparece un libro. Lo primero que hacen estos entes en su gesto maternal frente a su cría, es abrirlo y encontrar la maravillosa página donde la palabra de Dios es llamada índice. Sus radiantes caras se regocijan de ver cuántos pródigos capítulos tienen.
“Divide y reinarás” es la consigna que gobierna a estos seres, quienes basan la soberanía de su mandato en el hecho de coger los enciclopédicos libros y partirlos delicadamente con un bisturí en varios capítulos, los cuales son arrojados como huesos a los estudiantes. Este espectáculo es parecido al hecho de deshuesar un pollo o de desarmar un carro, pero es que en este caso no hablamos ni de comida ni de maquinas sino… ¡de conocimiento!
Si no dividen el semestre en 16 semanas de exposiciones, lo hacen mínimo en ocho. Amigo estudiante pregúntese y reflexione: ¿cuántas semanas del semestre se pasa oyendo exposiciones? Qué cómodo es reinar dividiendo temas y subtemas. Estos entes se sientan en sus cómodas sillas mientras usted se pasa incómodamente hablando o quizá parloteando.
exposicion2Lo peor para su ego es darse cuenta de que, primero, usted no es un experto (así se prepare leyendo para compensar su ignorancia, siempre será un ignorante); segundo, nadie le va a poner cuidado, debido a que cuando un estudiante habla se produce en sus escuchas el famoso fenómeno EDMA (Efecto de Desatención Masiva por Aburrimiento). Es divertido ver las caras de las personas cuando alguien expone, se encuentran regocijándose en el limbo de placenteras ensoñaciones; tercero, los Power Point aburren. No se esfuerce intentando hacerlos atractivos, nadie los va a leer. Hemos abusado tanto de ellos que somos insensibles, ya a nadie le duele verlos.
Las exposiciones no nos hacen mejores personas ni estudiantes. Es mentira que la moda de una pedagogía ultramoderna haga mejor una educación donde el estudiante hable más que el profesor. Tampoco podemos regresar al caduco y arcaico pasado medieval donde el omnipotente y omnisapiente profesor escribía en nuestras mentes tabula-rasa el conocimiento.
Queda pendiente pensar una pedagogía distinta. Pero ésta de rellenar el tiempo de las clases con exposiciones a mí no me convence. Mi propuesta es eliminar esa enfermedad llamada exposiciones, y silenciar para siempre los monólogos, para que por fin nos escuchemos los unos a los otros y sucedan verdaderos diálogos colectivos.

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