La libertad de ser una niña “machito”

La libertad de ser una niña “machito”

NIÑA MACHITO

En mis 22 años de vida jamás he dudado de mi orientación sexual. Me considero bastante ‘open mind’, tengo muchos amigos gais, los respeto, los adoro, salgo con ellos e incluso recibo coqueteos del mismo género con mucho halago. Además, soy bastante segura de sí misma, por lo tanto nunca he escatimado en los cambios de look, en la vestimenta y demás gustos, siempre y cuando me sienta cómoda.

Mi último gran cambio fue mocharme mi larga cabellera, haciéndome un corte bastante “lésbico” para algunos; y, aunque no concuerdo, sé que llevar el cabello de esa manera es un estereotipo otorgado a las lesbianas en una sociedad como la nuestra. Este simple tijeretazo me dejó ver un trasfondo social que jamás hubiera percibido antes. Pasé literalmente a ser invisible para el hombre promedio, y saben qué, no me disgusta para nada.

Al atribuirme la etiqueta de “lesbiana machorra”, socialmente no cumplo con los estándares de belleza impuestos de lo que es una “mamacita” para muchos –aquella chica de cabello largo, con tetas y culo prominente–. Pero, desde que lo tuve, ya no estoy tan sometida al acoso visual, ya no me siento tan morboseada, puedo caminar tranquila porque la gente piensa que soy “arepa”, “hippie” y demás. Incluso, me he llegado a sorprender con los prejuiciosos que pueden ser algunos miembros de la comunidad LGTBI al intuir de buenas a primeras que mi renovación se debía a un cambio de orientación o una cercanía cada vez mayor con el homosexualismo. Créanme, y lo digo con naturalidad, que si en algún momento me llega a gustar una chica, lo aceptaré con gusto, porque respeto al ser humano por lo que es y todas las formas de amor me parecen sumamente hermosas, pero sigo sin entender por qué un corte de cabello o una forma de vestir me encasilla en una u otra orientación sexual.

También es gracioso cómo se imponen mayores filtros de coqueteo: Muchos hombres se asustan ante la masculinidad que conlleva para una mujer el usar el cabello corto, y la sensación de poco control proveniente del machismo colombiano. Es injusto que una chica, prototipo caleño, sea tildada de vagabunda o de morronga sólo por la actitud honesta que maneja en su vida, mientras que uno recibe mayor licencia en todos los aspectos sociales sólo por tomar una decisión, en lo personal, nada drástica.

Se evidencia empoderamiento y apoyo de otras chicas hacia el cambio (que jamás se atreverían a hacerlo por inseguridad) e incluso la permisividad de la imprudencia, del doble sentido, de los parámetros de fidelidad y lealtad, y en la total libertad de hablar sobre sexo sólo porque ‘así son las lesbianas’. Es injusto y lo denuncio, que inocentemente haya ganado un privilegio a nivel de autonomía, desarrollo y menos acoso masculino, mientras algunas chicas -y me incluyo cuando tenía el cabello hasta debajo del pecho- no podamos expresarnos a libre albedrío por una sociedad constrictiva, prejuiciosa y machista.

Lamentablemente, el placer de liberarme de algunos estereotipos me ha traído otros, menos restrictivos, eso sí. Me fascina la moda andrógina y llevar el look como me plazca… ¿y qué si eso me hace ver “machito” o “arepa”? Sé que no lo soy pero discrepo bastante por no tener la libertad de ser heterosexual y llevar el cabello corto sin necesidad de recibir múltiples preguntas acerca de cuál género me quiero llevar a la cama.

 

Escrito por Laura Marcela Ballesteros   @LauraMarcela_B

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