La participación estudiantil no convence

La participación estudiantil no convence

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No nos digamos mentiras, pero eso de la participación estudiantil es un cuento que a pocos convence. A los unos por tenerlo asociado con los movimientos de izquierda de los 70’s o los movimientos hippies de los 60’s.

A los otros porque consideran que el “que hacer” de un estudiante universitario es ya participación estudiantil y por lo tanto, donde todo cabe nada se puede definir. Hay otros que encuentran una solución más salomónica, igualando participación estudiantil con gobierno estudiantil y el asunto queda resuelto con las elecciones (pobres como las del país donde se compran votos pero se ruegan) y la participación de algunos pocos en espacios donde se toman decisiones –por discutir esto último obviamente-.

Además no convence a los profesores, el estudiante dice:
– Profe ¡hagamos más participativa la clase…!
– Listo pues. Hagamos exposiciones, dividanse en grupos y ojala no les tiemble la voz… ¡ah! Y por lo menos que las diapositivas tengan muñequitos

Asunto resuelto en el salón de clase; eso suena a “divide y vencerás”
– Decano. Hagamos más participativa la Facultad…
– ¡Que bien!. Organice un grupo y pase un proyecto.

Ni el grupo se forma, ni el decano ve el proyecto y si lo ve, toca dejarlo para el otro semestre.

Y mucho menos convence a los estudiantes. Cómo los va a convencer si ellos ya están convencidos. Convencidos de que por este país ya no se puede hacer nada o para que lo hago si ¡yo me graduo y me voy!… o si ya elegimos al que lo va a hacer… sin importar el cómo lo haga. Convencidos de que estar en la sexta o en el pasillo que del lago conduce a la plazoleta, actualizándose del chisme y haciendo el respectivo casting diario, es ya participación estudiantil. Claro, eso es participación; nadie se sienta en el muro del teatrino obligado… es estudiantil, obvio y para quién más está hecho este espacio.

Y para ser consecuente, pues yo tampoco estoy convencido. No creo que este tipo de participación tenga algunas implicaciones que vayan más allá de lo trivial. ¿Qué diferencia hay entre un equipo de fútbol del barrio y el de la U? Hay en Cali canchas más bonitas que las del Loyola; todo hay que decirlo. ¿Dónde esta el valor agregado? Si las funciones sustanciales de la universidad son la docencia, ¿el servicio y la investigación no sería entonces en relación con estas que se deben articular la Participación Estudiantil? Discusión esta para pedagogos, directivos, docentes y uno que otro delegado piloso. Mientras ellos piensan y debaten nosotros debemos seguir.

No señores. La participación estudiantil es por sí un acto político y público. Y no me vengan con que todos somos sujetos políticos, que ese cuento esta bueno para los libros y los tableros, no para un país con condiciones políticas tan difíciles como el nuestro. A la política se le tiene miedo, pánico, pero más que todo, pereza. Pereza que nace de esa desesperanza aprendida, legado histórico que nos consume y paraliza. Es político en tanto que solo a través de escenarios políticos, sean estos de reflexión académica, de participación en elecciones, de oposición al gobierno, de apoyo, de fiscalización, de veedurías, etc. Se puede provocar transformaciones en el mediano plazo, con suerte en el corto y seguramente largo plazo.

Ahora bién, será Participación Estudiantil real en el momento ñeque esta sea pública. ¿Y dónde queda lo público? Pues en la calle, en la plaza, en la esquina, porque si bien, es difícil que el saber trascienda los muros de la universidad, no debe ser este el destino que corra la acción. Y con la acción no digo tirar piedras al lado de los estudiantes de la universidad del valle, con ello me refiero a ese potencial de fuerza humana, de manos, de mentes y de corazones que se pueden canalizar, primero desde la sensibilización (ojo, esta solo se da in situ), luego desde la ilusión y de allí a camellar, a trabajar en manos juntas. Si señor, las manos callosas del obrero raso.

Por último, para que en el mejor escenario hipotético lo anterior se convierta en realidad se debe hacer transformaciones en la universidad y desde allí veo el asunto complicado, ya que no existe una estructura formal de participación estudiantil que permita afectar tan histórica y jesuítica estructura. Para empezar se podría dar a conocer el informe que dieron los pares académicos sobre la carrera de psicología y todas las carreras que han pasado por el proceso de acreditación.

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