La paz no sólo hay que soñarla, también hay que hacerla

La paz no sólo hay que soñarla, también hay que hacerla

andrés santamaría

Si existe un gran reto en nuestro país es el poder reconciliar a todos los colombianos y colombianas, que no es más que el entendimiento de los unos y los otros,  sin recaer en deseos de odios y venganzas que ha dejado como resultado la guerra  en una sociedad la cual se ha desarrollado entre buenos y malos, desconociendo en muchos de los casos las  causas históricas y sociales del conflicto armado.

Este escrito no es una justificación de los millones de muertos como producto del conflicto armado del país, sino por el contrario: indagarnos cómo podemos a futuro abandonar el odio y la venganza que deja un país en continua guerra.

Sin duda lo  primero es hacer la paz con aquellos que nos enfrentamos desde el Estado y a partir de allí impulsar un proceso de transformación institucional y legal que permitan una participación política plena y a su vez construir un modelo de Nación que elimine las brechas de marginalidad en la población.

Para ello quiero compartir dos escenarios que me han marcado en los últimos días. El primero son las mismas víctimas del conflicto colombiano, quienes no guardan odio por sus victimarios, sino que tienen en sus corazones el perdón, eso sí sin abandonar el hecho de que se les reconozca como víctimas y la obligación del Estado en el restablecimiento pleno de sus derechos. En segundo lugar, el proceso de  Vietnam  y Camboya que después de diferentes conflictos bélicos  han dado muestra de ejemplo de reconciliación a partir de procesos de unificación como nación con un ejercicio  de cambios internos.

En el caso de Vietnam, que libró una guerra en la que al  menos 1,1 millón de vietnamitas murieron durante 1955 y 1975, por culpa de intereses políticos y geográficos y que finalizó con la toma del Palacio Presidencial en Saigón el 30 de abril de 1975 por parte del Vietnam del norte, (hoy llamada Ho Chi Minh), pudo tener un proceso de unificación política y de reconciliación. Vietnam pasó de ser  una sociedad  basada en una economía rural muy  pobre y divida ideológicamente, a un país de ingresos medios,  y altamente atractivo para el turismo. Además, los enemigos de un tiempo ahora son amigos y construyeron relaciones diplomáticas como es el caso con los Estados Unidos.

En Camboya, un país producto de continuas divisiones, guerras internas y externas, se vivió una de las peores tragedias humanas de la historia, por cuenta del llamado “genocidio camboyano”, en la que murieron  1,7 millones de personas aproximadamente el cual fue perpetrado por los Jemeres Rojos liderados por el dictador Pol Pot. Pero a pesar de lo cruel de su pasado, hoy Camboya es un país que ha dejado a un lado la venganza, estimulando verdaderos procesos de reconciliación entre todos sus habitantes. Cabe mencionar que aún no se ha eliminado la pobreza y que persistente grandes brechas sociales, pero los camboyanos en la actualidad se ven felices, con cifras de criminalidad por debajo del estándar latinoamericano y con una economía que crece día tras día.

Lo más sorprendente en estos dos países,  es que a partir de la terminación de sus confrontaciones se iniciaron procesos de unificación y cambios institucionales  en un  entorno de comprensión y paz,  que permitieron avanzar hacia un nuevo futuro. Estos dos casos con las víctimas de Colombia, deben ser ejemplo de lo que deberá producir los procesos de Paz con las FARC y el ELN; un proceso de cambio hacia un nuevo Estado con una clara orientación de la reconciliación de los colombianos y colombianas.

 

 

Autor: Andrés Santamaría
Twitter: @AnSANTAMARIA
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