La política como espectáculo

La política como espectáculo

politica_espectaculoHablar de las relaciones entre comunicación y política es adentrarse en un universo de cambios culturales que enmarcan a la sociedad, una sociedad que se construye a gran velocidad y que está regida por las imágenes y los relatos que satisfacen las leyes del mercado. Hoy somos testigos de cómo los medios de comunicación han terminado casi por convertirse en escenarios sustitutos del quehacer político, a tal punto que la reducen a la buena imagen y a la disolución del interés por los proyectos.
Aunque la complejidad del tema aumente a gran velocidad, hay causas culturales que son visibles y que de algún modo dan explicación a esta variación de los escenarios y de las costumbres políticas. Uno de estos factores es el tan debatido tema de la globalización que, como dice Manuel Castells, “es el movimiento de conexión de todo aquello que tiene valor para la razón instrumental que legitima al mercado, y el movimiento de desconexión de todo lo que no tenga valor para esa razón1 . Lo que interesa para el mercado sirve y lo que no interesa se borra. En un mundo donde el sentido está regido por las necesidades del éxito hedonista, lo que no genere beneficios económicos se excluye de ser importante.
En un contexto como éste, la política se desencanta para convertirse en un simple negocio que rige los intereses de unos cuantos y que pierde toda su connotación original; lo que se ofrece a los ciudadanos no son las ideas políticas sino las imágenes políticas. Si lo que importa es el mercado, la imagen vende más que la palabra y lastimosamente la imagen no está cumpliendo su función argumentativa; la imagen está creando deseos y no reflexiones.
Economía y globalización
La economía, clásicamente se entiende como la mediación entre la satisfacción de las necesidades de las personas aplicando el principio de la racionalidad a los bienes escasos, lo que en términos conceptuales es conocido como Economía Industrial. Hoy el concepto de economía sufre una compleja variación y ya no trata sobre los recursos escasos sino sobre la capacidad de generar abundancia: abundancia de oferta, de deseos, de información, de redes. Lo que los teóricos llaman la Economía Informacional Global.
Por ejemplo, “en la economía Industrial, un diamante no valdría más que el carbón si no fuera porque es más escaso. En la economía informacional, un fax único en el mundo carecería de valor, y vale más en la medida en que más gente posea fax2. Paralelo a esto, la globalización hace parte de una estrategia económica mundial que se rige por el capital internacional en el que los medios de comunicación son una herramienta más.
Dentro de esta lógica la televisión se convierte en el medio por excelencia. Su capacidad de cobertura no se compara con la de ningún otro medio y su aparición cambió todas las perspectivas del mundo. Hoy la gran mayoría está conectada a las redes televisivas, uno de los lugares en el que se gestan los cánones de la nueva economía: abundancia de oferta, de interacción con otros, de deseos, de espectáculos, de imágenes, de sensaciones.
Hoy la televisión permite que el concepto de espacio y tiempo se funda en una cultura audiovisual jamás imaginada, donde se agrandan y se perciben nuevos modos de interacción social y se reduce la brecha permanente entre lo público y lo privado. Manuel Reglan y Pilar Equiza en su libro sobre televisión y lenguaje plantean que: “detrás de la cámara, ante la pantalla de un televisor, no hay una masa amorfa de gente, sino un ciudadano; una persona concreta, aunque anónima, interesada por lo que le contamos o a quien hay que hacer interesante lo que decimos o mostramos3 . El hacer interesante lo que decimos o mostramos se ha mitificado en una cultura de la imagen que se desinteresa por ideales o conceptos críticos. La televisión ofrece imágenes que no necesitan ser explicaciones de ideas o de acontecimientos; hoy la televisión brinda imágenes que cumplen las metas y estrategias competitivas que el mercado dictamina.
El sociólogo Raúl Trejo Delarbe plantea que “la televisión se erige no sólo como medio, sino como escenario de la información que reciben las audiencias4 . En política, lo que sucede es que, las audiencias se enfrentan como espectadores a la imagen deformada, imágenes en donde lo que se muestra no son las reformas políticas sino a los actores y los conflictos que circundan el panorama de la reforma. La sociedad vive la época de la política como espectáculo. Los noticieros muestran la ponencia de una reforma política y en vez de informar sobre cómo afecta a la sociedad, se dedican a emitir los conflictos que crea entre los actores políticos, por lo tanto la reforma termina convertida en una especie de show por momentos vergonzoso que desata pura controversia y que deja de lado la actitud critica-analítica.
¿Comunicación o negocio?
Si bien es claro que el poder de los medios es inmenso y que son considerados un actor social muy importante en la construcción del aparato cultural, también hay que entender que más allá de ser una institución, los medios han terminado convirtiéndose en empresas privadas. Y como empresas están obligadas a producir rentabilidad, y más allá de informar y de crear opinión se dedican a ser una industria con estándares de productividad.
Es aquí donde llegamos a lo que podría llamarse la tensión entre comunicación y negocio, una ambigüedad que surge de la ética del comunicador y la ética del empresario: los primeros buscan generar valores y brindar nuevas posibilidades del saber, los segundos buscan generar capital. El comunicador debe mediar entre las tensiones sociales, culturales y el Estado; el empresario debe generar beneficios cuidando siempre los intereses de la organización. Esto hace que los medios de comunicación dejen a un lado el papel que deben cumplir en el ejercicio de la democracia. Los medios se dedican a mostrar para vender y no a profundizar para entender, no crean diferencias sino que buscan la homogeneidad.
Función social de los medios
Y es que si nos vamos a esto podemos darnos cuenta de que la democracia que se vive en países como el nuestro es la hecha a la medida de los medios; esto se evidencia en el hecho de que no existan cadenas radiales, canales de televisión o periódicos de circulación nacional en manos de las minorías, lo cual hace que los intereses de estos sectores no circulen de la misma manera que para otros. Es decir, lo que circula por los medios satisface los intereses de los dueños de los medios, que al mismo tiempo son los denominados grupos de poder.
Su lógica consiste en hacer creer que todo esta bien, que nada pasa, que comprar es lo único que tiene sentido, que debemos adoptar un rol sin importar nuestras necesidades y preferencias, pero las lógicas de países como Colombia necesitan de un imaginario mucho más profundo sobre sus conflictos. Es obvio que no se puede seguir omitiendo que las soluciones sólo están dadas en nuestros – y nuevos – imaginarios y esta condición tan necesaria no está siendo impulsada por los medios de comunicación.
Para Jesús Martín Barbero “tenemos una política que ha sido incapaz de poner en comunicación los mundos de vida (de las identidades y la construcción de sentido) con el mundo de la economía (de la producción, del mercado)5 . La política es ahora marketing y en eso sin duda los medios de comunicación son su mayor cómplice. Y es por eso que la idea de Barbero nos lleva al análisis de los modos de vida, a la expresión viva de quienes habitan la ciudad; de los más de 10.000 niños que forman filas sin entender las lógicas de los suyos y menos las lógicas del “enemigo”.
Del individuo, del colombiano, es de eso de lo que nos habla Barbero, habitantes de una nación, modos de entender el mundo según este se les ha presentado, un espacio que la comunicación política ha pasado por alto. Por esto no es nada extraño que sólo algunas publicaciones se enfrenten al análisis de nuestros desequilibrios. El problema no es acabar con Tirofijo o haber acabado con Pablo Escobar, el problema es que no hay claridad sobre las causas de estos fenómenos y seguimos creando imaginarios donde la realidad está hecha a la medida de los intereses de unos cuantos, donde el espectáculo prima más sobre los argumentos y el análisis quedó en manos de los académicos.
1Castells, Manuel. La era de la información. Editorial Rumbrai
2 Vázquez Ramírez, Gilberto. Aproximaciones a la Economía Política. ECOE ediciones 3 Equiza, Pilar y Reglan, Manuel. Televisión y lenguaje. Editorial Paidos
4 Trejo Delarbe, Raúl. Ensayo “El imperio del marketing político”. Comunicación y política. CEJA
5 Barbero Martín, Jesús. Ensayo “Cambios en el tejido cultural y massmediación de la política”

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