La Sucursal… ¿Del Cielo?

La Sucursal… ¿Del Cielo?

cielo caliPrácticamente toda mi vida ha transcurrido en esta ciudad. La ciudad que es travesada por la calle quinta, que es vigilada desde lo alto por los habitantes de un barrio llamado La Estrella, y se mantiene bajo la santísima protección de un Cristo Redentor y tres cruces. La ciudad salsa, la ciudad del pandebono, de la excelente movilidad, la ciudad del Deportivo Cali y el América. Esa ciudad que no puede recibir peor atribución que ser llamada: La Sucursal del Cielo.

Siempre he pensado el porqué de esa atribución, y no, no he logrado encontrar relación entre las calles de Cali, con el buen reino (me imagino es así) de Dios. Y como dijo Carlos Tamayo en 2005 para Revista Semana: “… los que la llamaron ‘sucursal del cielo’ o habían bebido demasiado aguardiente, o hacían parte del gobierno local y la usaron para disfrazar su inoperancia.” ¡Cuánta razón señor Tamayo!

Pero hay que pensarlo bien. Y volver a pensarlo. Para la década de los 70’s Cali no era el emporio que hoy es, pues en sus calles no se transpiraba inseguridad, no pululaban los dueños de lo ajeno, se respiraba de alguna manera civismo, y la educación de una y otra manera era de mejor que el día de hoy. Si los gobernantes de hoy fueron criados en ese ambiente, imagínese los gobernantes del mañana, ¿a qué nos vamos a enfrentar? En fin, Cali se convirtió en un emporio de ratas (de todo tipo), sonidos que tornan sus espacios pesados, y el civismo de la gente se fue esfumando poco a poco.

Para probar un poco de la sucursal del cielo basta con salir a tomar un bus a cualquier estación de MIO. Eso sí alcanzas a llegar a ella y no te subes en el primer pirata que haga ruta próxima a tu destino. Una vez en el bus, después de sobarte los golpes de la estampida que te hizo entrar en ese y no otro, aparecen las mayores muestras de civismo: mujeres sentadas, y hombres, con niño en brazos, de pie (ellas pidieron igualdad, y se excedieron), un reproductor con cualquier estilo (rap y reguetón por excelencia) haciendo el viaje más incómodo y cruel de lo que es, y por último, la policía sacando del medio algún vendedor ambulante.

Mejor caminemos. ¡Ah no! No puedo caminar. Si camino me roban. Si camino, en las calles de Cali, me cocino bajo el inclemente sol. Me doy cuenta, entonces, que el Diablo no se ha podido parar, esta toteado de la risa, viendo como su infierno es más dulce que las calles de la sucursal del cielo.

Por:

Mauricio Duarte

@UnTalDuarte

Mauricio Duarte