La última vez

Soy, en la oscura noche, como un salvaje pájaro sediento de amor. Las palabras zumban como abejas asesinas y luego llega el silencio, tus ojos me observan y logran intimidarme, pero el deseo es una joya absurda que destruye los espejismos. Te levantas de la banca y caminas por un sendero del parque, te sigo, respiro el olor de tu pelo. Sabes que no puedo escapar, que durante mil años esperé este momento. Dejas atrás el parque y te detienes frente a un edificio, el portero abre y le hablas al oído.

Te sigo por las brillantes escaleras de madera. Tus piernas se mueven dentro de la estrecha falda, tus senos se agitan, y de repente te detienes, te sientas en uno de los peldaños, recoges la falda y abres las piernas. Me miras desafiante. En la delgada tela del oscuro calzón tu sexo se marca como una sed antigua. Me inclino lentamente y te beso en los labios, abro la bragueta y saco mi sexo, tu boca se libera de la mía, me aferras de la cintura y chupas mi sexo. Te abro los broches de la blusa y las puntas de tus senos se clavan en mi pecho, siento el olor de tu pelo, te lamo la nuca, dibujo con la lengua tus vértebras. Mi sexo se expande dentro de tu boca, tu garganta es caliente y profunda, mis dedos apartan el calzón y acarician tu sexo que se moja lentamente. Mi lengua lame tus senos. Me aferro a tus muslos, a la amplia curva de tus caderas. Meto las manos bajo tus nalgas y te levanto un poco de la superficie fría de la escalera. Durante un breve instante permanecemos suspendidos y luego mi sexo escapa de tu boca y busca tu sexo, te penetro con fuerza, la madera cruje bajo el peso de nuestros cuerpos, mi boca se come tu boca.

Y golpeo una y otra vez dentro de ti, tu corazón late contra el mío y el tiempo se eterniza. Giramos, mi espalda se apoya en el borde de aquel peldaño, pero el deseo borra el dolor. Me aferro a tus nalgas y acerco tu sexo a mi boca y lo lamo lentamente, lamo cada hendidura, aprendo formas y sabores mientras tu boca susurra palabrotas cerca de mi oído. Nuestros sudores se confunden. Y luego te sientas en mis piernas y mi sexo entra de nuevo en el tuyo, y subes y bajas. Mi sexo vibra a punto de estallar y te aprieto las nalgas y hundo mi dedo en tu culo y te beso la cara, te lamo el cuello y tu sexo me aprieta más y más… Y entonces giras y me pides gimiendo meterlo atrás y penetro tu culo húmedo y estrecho y te quejas bajito y luego te mueves clavada allí, te mueves cada vez más frenética, tus nalgas golpean contra mi pelvis, el placer destruye el último fragmento de lucidez y me pierdo dentro de ti…

Sentados en las escaleras compartimos un cigarrillo. Fue la última vez que te vi.

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