La única verdad   

La única verdad   

verdad

 

Se despierta con dolor de cabeza.  Está seguro que es la continuación de un episodio de migraña. Quiere tomarse una o, más bien, todas las pastillas contra el dolor existentes en el planeta, pero no debe; todavía no ha pasado el tiempo suficiente desde que se tomó la última.

Se relame en su dolor y lo miserable qué es. Cuestiona al universo, a Dios, la religión, la vida misma y su propia existencia, acerca de por qué, preciso a él, le tocó mamarse ese maldito dolor, que no le da espacio para pensar en nada más.  

Agarra el celular que está encima de la mesa de noche; quiere distraerse mirando sus redes sociales.  Inmerso en esa actividad, salta de link en link frenéticamente, sin dedicarle especial atención a ninguno. Al rato siente nauseas, ¿Será que el dolor de cabeza mutó ahora a esa desagradable sensación?

Se da cuenta que había comenzado a menguar, pues lo había olvidado ¿A qué se debía su nuevo estado? Cerró los ojos y cayó en cuenta.  Las náuseas fueron provocadas por el derroche de superioridad moral en la “autopista de la información”.

Durante el tiempo que navegó en Internet, vio lo mismo de siempre: puro odio camuflado en opiniones y comentarios sarcásticos, si acaso graciosos.  “Todos quieren restregar, en la cara de los demás su verdad, como la única válida” pensó: Que votar SÍ o NO en el plebiscito, derechos de los animales, Dios, izquierda, derecha, un listado de temas imposible de nombrar en su totalidad.

Su propia conducta también le provocaba náuseas, pues el solo hecho de pensar sobre la superioridad moral de los demás, era un claro indicio de que era igual que ellos, de que la mayoría de sus actos estaban influenciados por su verdad, y que no era especial.

En medio de su tren de pensamiento, de repente cayó en cuenta de por qué se había aliviado del dolor de cabeza.  Había dejado de verlo como un conflicto, un antagonista del momento y lo había aceptado tal cual, en todo su esplendor, bueno o malo.

Se levantó y fue a vomitar al baño.  Luego de hacerlo se sintió renovado.  Tal vez eso era lo debía hacer de ahora en adelante; dejar que cada suceso de la vida lo embistiera, sin entrar en la dinámica del juzgamiento.  Estaba seguro que así, a futuro, se evitaría muchos dolores de cabeza.        

Por: 

Juan Manuel Rodríguez bocanegra 

@Vieleicht  

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