Las mujeres también se emborrachan

Las mujeres también se emborrachan

Las mujeres también se emborrachan

Me parece fascinante todo el asunto de la conducta. Desde lo que es o no apropiado, hasta  lo que se considera socialmente aceptable. Digo esto inspirado en algunos casos de la vida real, que a simple vista no alcanzamos a identificar, y que a pesar de ser muy comunes, fácilmente pueden caer en la injusticia. Para ser concreto y específico, tomaré algo que llamó mi atención y que me llevó a reflexionar:

Hace unos días pasada, a la media noche, saliendo de un rumbiadero, en medio de música, alcohol y una que otra escena de celos en la que los gritos eran la atracción principal, pude ver cómo un joven luchaba en contra de la gravedad, en una batalla en la que el equilibrio había decidido no hacer parte, principalmente por el “saludable” abuso del licor. Claro está que en ésta batalla él tenía quién le ayudara, algo así como su compañero de lucha, sólo que en este caso y como en la mayoría de los casos, era una mujer, alias  “la novia”.

Suele ser normal que un hombre no mida su forma de ingerir licor; no importa qué consecuencias traiga esto, siempre estará una mujer tratando de calmarlo, controlarlo y generalmente de aguantarlo hasta el final de la noche, o hasta que su cuerpo decida que es hora de dormir.

Curiosamente esto es aceptable y en parte predecible, pero cuando se voltean las cartas y es la mujer quien decide “levantar el codo”, inmediatamente es mal visto por absolutamente todos quienes la acompañan, incluso por aquel novio, ¿recuerdan? el que estaba llevado de la borrachera hace 8 días.

Pues es indecoroso que una mujer se comporte de esa manera, “una mujer se ve horrible en esas” o “¿cómo es posible que dé tanto papayaso? Mujer borracha suelta la cucaracha”, esos son algunos de los comentarios que les toca aguantarse, como si los hombres nos viéramos geniales vomitando todo a nuestro paso, o como si fuera justificable abusar de una mujer sólo porque decidió divertirse.

Lo que quiero decir es que si la “justificación” para juzgar a una mujer por emborracharse es que tiene más que perder, les recuerdo que los hombres también podemos ser víctimas del alcohol, no vaya a ser que por dárselas de muy macho, y por un par de tragos de más, al otro día se le dificulte caminar.

La que se quiera emborrachar está en todo su derecho, porque las constantes ganas de orinar, la intensa necesidad de hacer show y el guayabo al otro día no reconocen si usted tiene pelo en pecho o si lleva falda. Así en algunos casos ambas hagan parte de una misma persona.

 

Escrito por Carlos Reyes   @recarlos94

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