Las niñas buenas no ven porno

Las niñas buenas no ven porno

niñas buenas

La pornografía es un negocio como cualquier otro. Uno que la Internet ha simplificado: ya no hay que ponerse un bigote falso y una peluca para ir a comprar la revista en el quiosco. No, ya pasamos la era del disfraz, pero no la de la vergüenza. Lo único que diferencia a la producción de telenovelas de la producción de escenas pornográficas es la clandestinidad de sus consumidores, especialmente si son mujeres.

Las mujeres de la antigüedad (y con eso nos referimos a los años 80) debían esperar a que su pareja, o su hermano menor, dejara mal parqueada su colección de Hustler para explorar la literatura del sexo libre, con suerte podían despegar sus páginas e informarse al respecto. Si para un hombre era vergonzoso acercarse a una tienda de video y pedir en voz alta un título como Mujeres al borde de un ataque de miembros, para una mujer era simplemente impensable. La llegada de la Internet y sus límites inexistentes les facilitó, a las niñas con dudas, saber sobre las posibilidades del cuerpo humano.

La pregunta que no dejaba dormir a los psicólogos en la década pasada era: ¿Por qué nos aterra que nuestra madre nos descubra viendo porno? Sin embargo, los dispositivos móviles y los portátiles se pueden llevar al baño: el porno no se restringe a la sala, donde solían colocar el único PC de la casa, para que todos lo usaran. La privacidad es un matrimonio de nuestra generación y vaya si la hemos sabido aprovechar. ¿Por qué nos aterra pensar en nuestra mamá viendo porno? Bueno, no nos vayamos de todo al lado oscuro del corazón, dejémoslo en ¿por qué nos aterra que nuestra novia disfrute viendo la dotación de otros hombres? En plena discusión sobre los límites del género femenino en el siglo digital la respuesta a esa cuestión es una sola: nos pudre el miedo de que descubra que hay mejores ofertas en el mercado. No queremos que el porno estimule en ellas fantasías que nosotros como hombres disfrutamos desde que se inventó la fotografía. Así van quedando menos excusas para ver con malos ojos a las mujeres que, al igual que los hombres, disfrutan del cine erótico, por razones que seguramente son las mismas que las nuestras: aprender. No olvidemos que estamos en la goma de los tutoriales, si queremos manejar Photoshop buscamos instrucciones en Youtube.

Si queremos mejorar nuestra vida sexual, ¿dónde buscamos el tutorial? Y mejor aún, ¿por qué creer que sólo los hombres necesitamos esos consejos ilustrados?

Comments

comments