Lo que Hora Salvaje, CSI y West Wing tienen en común

Lo que Hora Salvaje, CSI y West Wing tienen en común

¿Alguna vez han visto una morsa asoleándose en la playa?

¿Alguna vez han visto una morsa asoleándose en la playa? Para evitar que la suscripción a Animal Planet se pague en vano, me he puesto a ver a estos mamíferos de hábitos marinos que se han adaptado para ser ágiles en el agua, pero al costo de ser lentos y vulnerables en tierra. Por tratar de hacer dos cosas incompatibles (moverse tanto en agua como en tierra) son mejores en una que en otra, pero sin ser el mejor en ninguna de ellas (en el agua nunca llegarán a ser tan rápidos como un delfín o un tiburón y en tierra hasta un pollo es más veloz). Creo que el enorme parecido con la gestión de nuestro Ministerio del Interior y Justicia va más allá de la simple coincidencia.

Desde que nuestro proactivo Presidente tuvo la genial idea de fusionar el Ministerio de Justicia con el del Interior, perdimos al tiburón ballena que intentaba hacer cumplir la ley a pesar de su enorme lastre y también al león que al menos trataba de mantener a raya a las hienas del Congreso. A cambio obtuvimos esta morsa rubicunda y bonachona que le está ahorrando al Estado unos milloncitos que no sé qué tan significativos sean frente a los miles de millones que maneja cada rubro del presupuesto nacional. Pero lo que realmente me preocupa es que este ahorro a la larga le salga más caro al país por las continuas improvisaciones y metidas de pata en temas tan delicados como el sometimiento de los grupos armados o el escándalo de la para-narco-política, todo por estar haciendo dos cosas al mismo tiempo. Como las morsas.

Para defender las muchas horas perdidas viendo The West Wing (hay que justificar la parabólica) puedo decir que me sirvieron para entender lo que se supone debe hacer un ministro del interior: palanquear proyectos de ley con los congresistas y coordinar el trabajo del Gobierno Nacional con los gobernadores y alcaldes. Pero esto, que desde la fusión no ha hecho del todo bien, está entorpeciendo lo que medio estaba funcionando: garantizar una transparente administración de justicia.

Esta situación nunca había sido tan evidente como con el más reciente ejemplo de las declaraciones televisadas de Mancuso y sus amiguitos. La evidencia muestra que los crímenes cometidos por ellos son tan atroces que casi logran que el mismísimo Señor de los Anillos parezca en comparación un inofensivo distribuidor de porno. Pero el manejo que le está dando el gobierno busca resultados más políticos que judiciales, haciendo que la gente opine y los políticos tomen decisiones.

Sin embargo, si algo he aprendido de CSI Las Vegas, es que para la administración de justicia esas declaraciones son una tremenda embarrada. Una declaración no se hace pública tan temprano para evitar que otros sospechosos acomoden su testimonio de acuerdo con lo que ya oyeron para no hacer quedar mal a su para, digo, a su pana. Pero al permitir a los paras ver cómodamente por televisión las audiencias de sus compañeros, el Gobierno impide que las inconsistencias salgan a la luz cuando se confronta los testimonios con otras declaraciones y con evidencia física o circunstancial (bueno, o al menos así le funciona a Grissom en cada episodio).

Aunque a los partidos uribistas emproblemados por el escándalo paramilitar (perdón por la redundancia) les conviene que a sus líos judiciales se les diera un tratamiento político, sigo pensando como Néstor Humberto Martínez (ex Ministro de Justicia y también ex Ministro del Interior): “Lo apropiado sería que desde el Gobierno y los partidos se tomen decisiones políticas, y que después cada responsable se defienda en el ámbito de lo judicial”. Si por tratar de matar dos pájaros de un tiro, los pájaros salen libres impunemente en sus lujosas narcotoyotas, posiblemente el resto del mundo ya no confunda a nuestro ministerio con una morsa sino con otro comensal habitual de Hora Salvaje: un peludísimo oso.

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