Los solitarios no estamos locos

Los solitarios no estamos locos

grumpycat

Comenzaré diciendo que pocas veces acostumbro a usar el espacio de las columnas de El Clavo para hablar de mi vida. Me parece que no es necesario y que en la práctica a nadie le importa. Sin embargo, en esta oportunidad he tomado la decisión de compartirles una situación que creo no sólo me afecta a mí sino a un sinnúmero de personas que están en el rango de mi edad.

Sucede que hace poco cumplí 30, una edad que todo el mundo dice es un poco traumática. No se es lo suficientemente joven para ser beligerante, ni tampoco lo suficientemente viejo para ser sabio. Me encuentro en el ombligo de la vida. Sin embargo, estoy en el momento en el que todo se me cuestiona, tanto de lo que no hecho como de lo que se espera que haré. El presente parece nunca será tenido en cuenta.

Me dicen que por qué estoy solo, que a dónde están mis planes de formar familia, que por qué no miro el ejemplo de fulanito que ya tiene casa, hijos y esposa, que me está dejando el tren. Todos creen que mi felicidad depende necesariamente de estar comprometido y  de estar esperando bebé. No me estoy negando la oportunidad de ser padre, pero en este episodio de mi existencia no lo veo probable.

La gente cree que no tengo pareja porque al parecer debo estar mal de la cabeza, que algo negativo debe tener mi conducta; o lo que es peor: es muy probable que no me aguante nadie. No lo niego, soy difícil, a veces raro, pero tampoco soy huraño y mala gente. Sencillamente no he dado con esa persona con la que pueda pensar adquirir un compromiso. Es más, ni siquiera la estoy buscando; es posible que llegue mañana o que no llegue nunca, no me interesa, el presente es en lo que me ocupo. Amo mi soledad, estoy aprendiendo a descubrirme, a respetarme tal como soy, a quererme para poder dar el paso de querer a otra persona. Tal vez ustedes se preguntarán si ese proceso no debería haberlo hecho cuando era un niño, pero  como les digo, no sigo la regla.

La sociedad nos obliga a seguir un patrón de vida que muchas personas como yo rehúsan seguir. Nacer, crecer, estudiar, trabajar, reproducirse, endeudarse y morir es la línea que nos sitúa en el bando de lo correcto, en el lado de las personas verracas y trabajadoras, que piensan en el futuro y se desarrollan pero que a pesar de todo nunca son felices, nunca son plenas.

Me dicen que debo tener hijos porque ¿quién velará por mí en la vejez? Teoría que además de boba, no resulta ser cierta. He visto abuelitos que tienen hasta diez hijos y están por ahí mendigando en las calles porque cuando un ser humano llega a la vejez pasa a ser un estorbo. Trataré de vivir mis días de ancianidad con solemnidad, y sólo le pido a Dios se acuerde de mí cuando no tenga la posibilidad ya de limpiarme el culo.

Estar solo no es una calamidad, es una decisión, donde el disfrute es egoísta pero no se le hace daño a nadie. Yo por ejemplo amo estar en soledad, porque no debo hablar ni fingir, ni tratar de agradar. Estar solo no significa encerrarse en un cuarto, es poder gozar de la plenitud de la existencia, viajando, comiendo, durmiendo e incluso teniendo sexo (así sea del yo-con-yo o relaciones casuales).

No sé si estoy preparado para una relación. No creo que haya necesidad de estudiar para eso. Sólo me limitaré a vivir y que todo fluya como deba ser. No me cierro ante nada, todo puede suceder; sólo es taparse los oídos ante el “qué dirán” y seguir adelante. Cuando llegue el amor, si es que llega, aquí estaré, no para hacer feliz a nadie, ni para que nadie me haga feliz, simplemente para estar juntos y compartir nuestras propias felicidades.

 

Escrito por Luis Gaviria  @luisgaviria226

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