Made in Chibchombia

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La generación de lo pirata

 

Desde hace muchos años una de las mejores formas que descubrimos para sentirnos parte de la élite, del común y vanguardia en cuanto al consumismo se refiere,  es la copia. Dícese de la réplica, el acto de imitar, conseguir por un medio más asequible aquello que si pagamos a precio legal nos dejaría en la bancarrota, o en algunos casos,  el acto de hacer réplica de algo inexistente y agotado en cualquier mercado, y que en nuestra contemporaneidad es un sensación mediática. En particular nosotros, los Colombianos, somos expertos en copiar sin importar qué tan imposible parezca.

Pirata

Fotografía: Luis Gaviria – Modelo: Salomé Fajardo

Desde telenovelas comunes hasta  los títulos de cualquier kiosko de barrio tienen un poco de todo el mundo menos de nosotros mismos. CD, DVD, películas que sólo en dos o tres semanas se asomarían por las salas de cine de nuestro país. La réplica del último y novedoso diseño de zapatilla Nike, acá se la tenemos compadre, y en gama 2 (no originales) no dice Nike pero píllele el chulito.  Por otra parte, los novedosos nombres que le damos a nuestros productos e incluso electrodomésticos, es una ventana que deja entrever la poca identidad que tenemos frente a algunas cosas. Hay que ser sinceros, la mayor influencia para copiar en cuanto a objetos o moda, nos cae de los Estados Unidos.  Si allá hay Coca-Cola,  acá hay Chi-Cha,  si allá hay Mc Donalds, acá hay Mc Corrientazo, si allá hay Dunkin’ Donuts acá hay Don-Quin Tortas, y cualquier otra cosa que desee la imitamos con perfección.

¿Cuándo ustedes han visto un aviso de un local escrito en arawak? ¿O un comercial que tenga un eslogan en quechua, lengua materna de nuestra querida tierra?, nadie compraría eso, ¿verdad? ¿Por qué? Porque nos gusta lo de afuera, y creemos que lo extranjero es lo mejor.

Estamos en una época en que lo artesanal pasó a un segundo plano, no sabemos darle valor a lo autóctono, somos herederos condenados de la producción Yanki (fíjese el término que uso). En diversos aspectos pagamos, y caro, el precio de no cosechar lo nuestro.  Vendemos nuestro propio café para comprarlo como Starbucks a un precio que he de suponer yo, cuesta muchísimo por su logística más que por su esencia.

Debemos empezar a querer un poquito lo de acá, a darle su lugar, en medio de esa idea consumista de copiar y hacer réplica a cualquier cosa externa de nuestra soberanía. Hay vainas aquí que se disfrutan mucho y que para bien o mal, son trajes, platos y hasta música que nos hacen originales y únicos. Made in Colombia, hermano, made in Colombia.

 

Autor: Pavel Salazar
Twitter: @PavelStev
PAVEL

 

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