¡Mamá! ¿Estoy triunfando?

¡Mamá! ¿Estoy triunfando?

 

mamá, estoy triunfando

Aparentemente, esta expresión cliché se empieza a desdibujar cuando obtenemos el deber ser del profesional a costa de la infelicidad y la insatisfacción laboral. Cuando iniciamos una carrera universitaria, lo hacemos con optimismo, liderando nuestro día a día con el intangible de lo que queremos ser, del cómo nos vislumbramos a futuro y en todas las promesas que desde niños nos hicieron nuestros padres, y posteriormente, nuestros maestros y la misma institución a la que asistimos. Si estudias y te esfuerzas, serás un gran profesional’, ‘con el título podrás conseguir un trabajo, tener independencia y alcanzar la vida que te mereces, y más frases por el estilo, son utilizadas para inculcarnos el sentido de la responsabilidad con el futuro y el anhelo de la recompensa que llegará por inercia cuando me gradúe y obtenga un trabajo estable. ¡Error de los errores!, el mundo laboral es competitivo, tedioso, frío e insensible. Salvo algunas excepciones, o carreras mejores pagas, la mayoría estamos condenados a que nos subvaloren.

No hay mucho que podamos hacer para remediar el panorama. Para pensar en un buen salario debemos tener una experiencia de años que por inexpertos no nos dejan construir. La paradoja del recién egresado. Termina uno recurriendo a cargos en los que jamás se vio, porque en el país del corazón sagrado lo que pega es ser todero, y aprendiendo oficios que jamás vio en el contenido programático de la carrera para terminar acumulando experiencia para la que no necesitó estudiar sino la oportunidad de aprender sobre la práctica. En algunos casos, termina uno haciendo la especialización o la maestría no en lo que le gusta, sino en lo que requiere el mercado. Y pienso, ¿está bien sacrificar la pasión por las necesidades comerciales y rentables?

Son muy pocos los que pueden decidir sobre sus condiciones laborales y cambiar de trabajo cuando no se sienten satisfechos. Algunos recomiendan dejar de ser empleado para convertirse en jefe a través del emprendimiento, pero esos individuos a veces olvidan que en un país con tanta desigualdad la mayoría trabaja para subsistir. Bien se sabe que cuando hay hambre prima la satisfacción de la necesidad básica. Así como se trabaja y se gana, se gasta. El ahorro es tedioso y los préstamos se convierten en una opción inviable. Son muy pocos los que nacen con la oportunidad de laborar por gusto, gastar al antojo, ahorrar para el futuro, pensar con calma, crear por convicción y liderar para asegurar el capital.

A los más jóvenes, cuando les insisten en que disfruten el máximo los años universitarios, no se lo tomen a la ligera. Salir a laborar y tener responsabilidades monetarias no es tan divertido como parece. Claramente existen unas ventajas innegables sobre el hecho de crecer, pero no se engañen, llegar a estas y mantenerlas tiene su precio. Ojalá puedan tomarse el tiempo para conseguir un trabajo en el que se sientan cómodos, que aporte a sus pasiones y que les permita crecer en la satisfacción propia. Al mundo laboral le faltan profesionales felices, a cambio de toneladas de trabajadores ojerosos, de aspecto cansado, aburridos por el tedio de las 8 horas diarias y la monotonía de una oficina con actividades cíclicas y poco propositivas.

No hay un camino claro. Es imposible juzgar al suertudo que puede montar empresa y quebrarla 10 veces, a manera de ensayo y error, para llegar a la meta; así como es imposible juzgar al que opta por la vía segura del trabajo estable en la misma empresa por el miedo a perder el ingreso mensual que asegura su presente y pronto futuro. Al final, como seres humanos tomamos la opción que más convenga y se ajuste al momento sin negar que siempre habrán unos más arriesgados que otros.

En la actualidad, trabajar en una sola empresa no basta para sentirnos realizados así como haber tenido 15 trabajos antes de los 30 tampoco asegura el éxito. Lo cierto es que si la realidad y la desigualdad social no nos asfixia y en algún punto de la vida encontramos una posibilidad, así sea remota, de elegir el camino de la realización profesional que se ajusta al sueño adolescente ya madurado por los años, hay que abrocharse bien los pantalones, tomar una gran bocanada de aire y aventarse con la frente en alto a luchar y a reclamar con convicción eso para lo que creemos que hemos nacido. Claro que esta idea cambiará a través de los años, pero si cambia 20 veces y 20 veces vemos la oportunidad de alcanzarla, no lo dudemos, hay que ir por ella.

Es cuestión de plantearse los condimentos reales que necesitamos para la felicidad y una vez entendidos los mismos, trabajar en pro de estos. A veces es mejor morir sin haber alcanzado la fama y el dinero pero con la satisfacción de haber intentado y en algunos casos, realizado, todos los propósitos que hicimos en vida, sobretodo en un ámbito tan importante como el profesional. Triunfar a la larga también depende del concepto de felicidad que cada uno disponga, y el entender que de todo se puede aprender. Cualquier oportunidad laboral aportará experiencias que nos harán crecer como seres humanos, el error está en estancar ese aprendizaje y no aplicarlo a la ejecución de ese gran proyecto que llamamos vida. Para triunfar también se necesita ser avispados, a la vida hay que saber jugarle con astucia, creyéndonos seriamente que merecemos el éxito y erradicando de una buena vez por todas el sentimiento conformista de que no fuimos favorecidos por el destino y de que no somos, ni seremos más.

 

 

Autor: Laura Ballesteros
Twitter: @LauraMarcela_B
laura ballesteros

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