Me gusta la superficialidad

Me gusta la superficialidad

superficialidad hombre

Si hay algo que me saca ronchas de la piedra es el cuentico chimbo de la superficialidad.
Cuando empiezan a criticar los “estándares de belleza que la sociedad impone” y acto seguido se extienden en una retahíla feo-nazi sobre cómo no debemos fijarnos en lo de afuera sino en lo de adentro, inmediatamente empiezo a divagar mentalmente mientras me pregunto en qué momento terminé charlando con alguien tan mamerto.

Los estándares de belleza no son más que una imagen colectiva de lo que debería ser considerado bello según la mercadotecnia, es cierto, pero si a mí esa idea superficial me convenció y se apoderó de mis prototipos ¿quiénes son ustedes para decirme qué me puede y qué no me puede gustar? ¿De cuando acá uno tiene que comerse lo que a los demás les gusta? No tengo nada en contra de los feos, los gordos, los bajitos (yo tampoco es que sea muy alto) Pero si no encajan dentro de mis patrones de belleza, ¿por qué me debería sentir mal? Si la belleza es subjetiva, la fealdad también, es decir, querido lector, que si a Fulanito le gustan las mujeres tetonas, pero a usted le gustan las mujeres gordas, ¿por qué juzgar a Fulanito si usted también se está dejando llevar por un patrón autocomplaciente de lo que considera sexualmente atractivo?

Para mí el cuentico de la superficialidad no es más que la idea de un feo que fue bien vendida a los bajos de autoestima. Creen que pueden conseguir algo de ego al señalar los atributos ajenos y lograr convertirlos en “defectos” sociales con el fin de alcanzar atención.

Lo único más mamón que alguien criticando mis ideales de belleza, son las personas que a sabiendas de cómo soy, siguen preguntándome si su novio, novia, esposo o bebé son bonitos.

No se alcanzan a imaginar lo difícil (por no decir “imposible”) que me resulta elogiar hipócritamente a alguien sólo por agradar; me es absurdo ir en contra de lo que estoy pensando sólo por no hacer sentir mal a otra persona, pero al preguntar uno está abierto a recibir cualquier respuesta ¿no? Positiva o negativa, no podemos andar preguntando con escopeta en mano, a la espera de que nos respondan lo que queremos escuchar.

Por ahí dicen que el que no “gurrea, no culea”, y puede que sea cierto, pero a mí me ha funcionado el culear sin necesidad de gurrear. Es una cuestión muy personal y no creo que deba ser calificado de vacío o frívolo sólo porque alguien no me genera ni un mal pensamiento.

Supongo que muchos leerán esto y de una irán a las primeras páginas a decir “bueno ¿y éste qué es lo que tanto habla si bonito no es?” Pero ahí está, que yo para usted puede que no sea bonito, y eso no está mal, lo malo está en tener que tragarse nuestros ideales sólo para agradar a otros.

A usted le gusta la papa rellena porque lo llena más, le sabe rico, la puede agarrar con las dos manos y es más fácil de conseguir, todo porque papas rellenas hay en cada esquina. En cambio yo prefiero la ensalada, visualmente me parece más presentable, es más saludable, me sabe más rico y si le tomo una foto la puedo subir a Instagram sin miedo a que se burlen.

 

Escrito por Yamil Chuaire  

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