Mejor pensar antes que meter las patas

Mejor pensar antes que meter las patas

 

En décimo dejé de bailar y hacer teatro porque en el horario me metieron una materia llamada Orientación Profesional, y allí mis amigas y yo recibíamos consejos de una monja que nos decía: “A ti te gusta Biología y te va bien ¿cierto?, yo te veo en eso, de verdad”, “esos planos tan pulidos, yo creo que lo tuyo es la arquitectura”. Pero ¿quién dijo que para elegir carrera basta con ser bueno en una materia en el colegio?

Una amiga soñó con ser médica, pero el Icfes no le alcanzó para entrar a la universidad que quería, entonces se fue a estudiar Enfermería a otra ciudad. Allá descubrió que lo que quería era ser psicóloga, a pesar de ser buenísima en Matemáticas, Física y Química. Cuando estaba en segundo semestre se dio cuenta de que lo suyo era la Filosofía. Mejor dicho, dio mil vueltas para decidir finalmente que mejor estudiaba Psicología y en paralelo veía materias de Filosofía.

Antes de salir del colegio, los profesores de cualquier materia se preocupaban por las preguntas ‘tipo Icfes’, incluyendo a la monja de Orientación Profesional. Ella se dedicaba a utilizarlas para decirle a uno qué tenía que estudiar en la universidad, como si con un simple test de aptitud fuera suficiente para saber qué lo va a “apasionar” a uno tanto como para trabajar en ello el resto de su vida.

Ahí está el problema, encontrar algo que a uno le guste y que además se relacione con lo que sabe hacer o que puede aprender para hacerlo el resto de su vida, incluso sin que le paguen. Es que en los últimos grados de colegio uno tiene que pensar realmente en lo que se imagina haciendo en el futuro, no dedicarse a responder preguntas tontas que supuestamente definen su perfil profesional. Está bien, eso ayuda, pero no es suficiente.

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