MI OPINION

MI OPINION

UNA PAREJA PARA BAILAR

En nuestro país las relaciones entre la política y la juventud son difíciles y cambiantes.

La verdad es que ocasionalmente la política logra seducir a la juventud, pues para muchos jóvenes la política no tiene ningún encanto. Se han formado de ella una imagen negativa. Incluso algunos la consideran como una especie de “bruja”, que utiliza falsas tretas y es experto en el engaño y la mentira. Para otros es la “loba” que anda en compañía de especimenes tan indeseables como el “elefante” del 8000, los “orangutanes” que rondan el congreso y los “lagartos” y “cocodrilos” que abundan en los salones  oficiales y los despachos públicos.

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Carlos Rendón - EL CLAVO

Pero afortunadamente para miles de jóvenes la política es mucho más, como lo demostraron hace ocho años, cuando después del asesinato de Galán, el más joven espíritu del liberalismo, repudiaron la violencia y generaron el movimiento “Todavía podemos salvar a Colombia” y la iniciativa de la séptima papeleta. De estas audacias juveniles surgió la constitución de 1991 y con ella la esperanza de un “Tratado de Paz duradero entre los colombianos”.

También hay que decir que fueron líderes jóvenes como Carlos Pizarro y Bernardo Jaramillo los primeros en rechazar la violencia como arma válida en lucha política para formar una Colombia más justa y amable para todos y buscaron, a través del diálogo una salida civilizada y digna a nuestros más graves y hondos conflictos aún sin resolver. Pero el odio y la mezquindad de sus enemigos les impidió continuar participando de esa empresa.

Así como hay que reconocer, lamentablemente, que es la juventud la que coloca el mayor número de víctimas en el combate a muerte entre la Fuerza Pública y los movimientos guerrilleros.

Pero es todavía peor constatar que mueren más jóvenes en el laberinto oscuro de la denominada violencia urbana, que cobra sus víctimas en el mundo de la marginalidad, la injusticia y el despilfarro, al ser utilizados los jóvenes como sicarios para ajustes de cuentas o eslabones reciclables en la cadena del narcotráfico y la farmacodependencia.

En pocas palabras, los múltiples rostros y voces que integran aquello que en forma vaga llamamos juventud, como si ella fuera una población homogénea, aportan hoy la mayor cuota de sacrificio pero también de esperanza en esta Colombia agonizante de fin de milenio.

Todo lo anterior sucede, no obstante las variadas formas, cuerpos, clases, etnias y géneros que integran la juventud colombiana, porque entre ellas comparten algo en común: las ansias de vivir y su inconformidad con un mundo adulterado y mentiroso, levantado sobre la impostura y la hipocresía.

Vida y autenticidad son las señales de identidad de los jóvenes, más allá de las diferencias sociales, los credos religiosos, colores de piel y corrientes políticas que los separen.

Por eso cuando la juventud y la política se encuentran y reconocen personalmente, de cuerpo entero y cara a cara, sin mediaciones, prejuicios, ni padrinos y deciden formar pareja, entonces la democracia empieza a ser posible: la alegría del baile desplaza  al odio de la guerra, las palabras a las órdenes y la vida a la muerte.

Por el contrario, cuando la juventud y la política se desconocen y repudian. Entonces la violencia y la guerra se convierten en una realidad y cobra sus primeras víctimas entre aquellos sin los cuales la renovación de la vida no es posible: los jóvenes y los niños.

Seguramente por todo lo anterior son los jóvenes los más entusiastas promotores de la campaña que Redepaz impulsa a nivel nacional bajo el lema del Mandato Ciudadano por la Paz, la Vida y la Libertad, que toma cuerpo en el sexto tarjetón, en el cual podremos marcar el próximo 26 de Octubre nuestra opción por una Colombia donde resolvamos nuestros conflictos y diferencias sin el recurso de la violencia, los secuestros y la barbarie.

En manos de cada joven está la decisión: puede escoger como pareja la vida, comprometiéndose con la política, o abrazarse a la muerte, optando por la indiferencia o la guerra, que a la larga son lo mismo. No olvidemos la bella canción:”sólo le pido a Dios que la guerra no me sea indiferente…”

Hernando Llano Ángel
Director Maestría en Estudios Políticos

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