¡Miedo!

¡Miedo!

miedo

La real academia de la lengua española define miedo como la angustia por un riesgo a daño real o imaginario. También como un recelo o aprensión que alguien tiene a que le suceda algo contrario a lo que desea. El derecho, por otra parte, habla de miedo insuperable, y se entiende por este al tipo de miedo que, anulando las capacidades de decisión y raciocinio, impulsa a una persona a cometer un hecho delictivo; por ello es un eximente de culpas. Así pues, todos hemos sentido miedo, en algún momento, de eso no hay duda.

Por ejemplo, miedo es lo que sintió Dante en las puertas de Hades cuando Beatriz descendía en las manos del Rey del Inframundo. Saltó sin duda por su amada. También el Zaratustra de Nietzsche fue víctima del miedo, sí, cuando se enteró que sus palabras eran demasiado sabias para el mundo en el que se encontraba, y que no lograba entender por qué aún no se había enterado de la muerte de Dios; sin embargo, junto a su serpiente y su águila emprendió el camino a la sabiduría en lo más alto de la montaña.

El hombre más feo del mundo, y la sombra, igualmente temblaron de miedo, cuando vieron a Zaratustra, el anciano sabio, acercarse; con todo, lo esperaron y afrontaron sus necesidades con el conocimiento del hombre. Miedo… sintió Maquiavelo mientras escribía las páginas de ‘El Príncipe’ siendo prisionero en Florencia, sabiendo que instruía a Medici, su captor, sobre cómo gobernar. Pese a presento su manual, e instruyó generaciones.

¡Miedo! ¿Miedo? Miedo… sintió Churchill cuando los bombarderos alemanes asediaban Londres, y sus conciudadanos permanecían en los sótanos presos del terror que los sobrevolaba. Probablemente el mismo Hitler, quien aterrorizó el mundo, lo sintió cuando su ejército caía en manos de los Aliados, y el Ejército Rojo se adentraba en Berlín. Este miedo lo llevó a su muerte.

Fernando Castelli, el asesino de la obra del escritor argentino José Pablo Feinmann, sintió miedo… terror, cuando estaba atrapado en el viejo teatro con la policía pinzando sus talones. A pesar de eso mantuvo sus convicciones, y quiso seguir adelante. Seguimos en Argentina. Miedo sintieron las familias de los estudiantes que fueron arrancados de sus hogares el 16 de Setiembre de 1976.

Los colombianos han sido presa del miedo no durante el último siglo, sino durante toda la historia de nuestra nación. Guerras, y más guerras, inundados en conflictos. Siempre el miedo como insignia de la historia del hombre y sus obras. Siempre el miedo presente.

Miedo es, entonces, lo que siento cuando tomo el impulso para salir de mi casa, tomar un bus directo a mi destino, sabiendo que tengo que cruzar las calles de la Cali Soñada.

Por:

Mauricio Duarte

@UnTalDuarte

Mauricio Duarte